De residuo a recurso: cómo la economía circular puede cambiar la forma en que producimos

De residuo a recurso: cómo la economía circular puede cambiar la forma en que producimos

¿Qué pasaría si aquello que hoy llamamos basura dejara de ser el final de un producto y se convirtiera en el comienzo de otro? Esa es la premisa de la economía circular, un modelo que busca reducir los residuos, mantener los materiales en uso durante más tiempo y disminuir la presión sobre los recursos naturales.

“En vez de producir, utilizar el producto y luego desecharlo, lo que hacemos es tratar de mantener lo máximo posible ese producto en el tiempo”, explica Xiomara Zambrana, directora asociada del Instituto de la Mujer y Empresa (IME) de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). Para la especialista, la economía circular busca cerrar los ciclos mediante la reutilización, reintegración y reciclaje de materiales, entendiendo que las materias primas son finitas.

La perspectiva coincide con un desafío global. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) proyecta que los residuos sólidos municipales pasarán de 2.100 millones de toneladas en 2023 a 3.800 millones en 2050. El organismo advierte que una gestión deficiente de los residuos genera costos ambientales, sanitarios y económicos cada vez mayores.

¿Qué significa pasar de una economía lineal a una circular?

El modelo tradicional sigue una secuencia sencilla: extraer materias primas, fabricar productos, consumirlos y desecharlos. La economía circular intenta modificar esa lógica para conservar el valor de los materiales durante más tiempo mediante estrategias como reducir, reparar, reutilizar, reacondicionar, remanufacturar y reciclar.

Por eso, reciclar es solo una parte de la solución. La circularidad comienza incluso antes de que exista un residuo, desde el diseño de productos más duraderos y reparables hasta modelos de negocio basados en la reutilización.

El Banco Mundial advierte que el aumento de los residuos representa un desafío para las ciudades, pero también puede generar oportunidades económicas, empleos y nuevos modelos de gestión.

El Foro Económico Mundial, por su parte, plantea que la circularidad está pasando de ser principalmente una cuestión ambiental a convertirse en una estrategia para transformar industrias y cadenas de suministro. La inteligencia artificial también puede contribuir mediante el seguimiento de materiales, la identificación de residuos y una mejor gestión de los recursos.

Cuando un residuo se convierte en un nuevo producto

La transformación puede comenzar con materiales cotidianos. Un ejemplo es Extrusor Verde, desarrollado por estudiantes de Ingeniería de Sistemas, una máquina que convierte botellas PET en filamento para impresoras 3D.

“Lo que hace mi proyecto es, básicamente, darle una segunda utilidad al plástico”, explica Elder Gutiérrez, uno de sus desarrolladores. El sistema busca reducir residuos y, al mismo tiempo, producir localmente un insumo que suele tener un costo elevado.

En otro proyecto, estudiantes de Ingeniería Comercial de Unifranz plantearon en Morochata cinco alternativas para aprovechar residuos: ladrillos elaborados con desechos textiles, elementos para parques a partir de vidrio, filamento 3D obtenido de PET y materiales de cartón capaces de sustituir azulejos, entre otras propuestas.

La innovación también alcanza a los residuos electrónicos. ReUseTech, desarrollado por la estudiante de Ingeniería de Sistemas Alba Gómez, propone una plataforma digital para promover la reutilización y donación de dispositivos electrónicos, incorporando inteligencia artificial para identificar equipos y reducir la acumulación de basura tecnológica.

Una oportunidad ambiental, económica y social

La economía circular no se limita a convertir residuos en nuevos objetos. También puede generar modelos de negocio, empleo y oportunidades para sectores vinculados con la recuperación de materiales.

En Bolivia, esta perspectiva tomó forma en Ideas Circulares, iniciativa impulsada por Unifranz mediante el IME junto con GIZ/ProUrbano, con apoyo de la Unión Europea y Alemania. En 2026, diez emprendimientos fueron seleccionados entre 112 postulaciones de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz para recibir financiamiento y acompañamiento especializado. 

Entre las propuestas seleccionadas se encuentran iniciativas relacionadas con el aprovechamiento de residuos, nuevos productos y modelos de negocio sostenibles. El objetivo no es solamente reciclar más, sino demostrar que aquello que hoy tiene poco o ningún valor económico puede convertirse en materia prima, producto o servicio.

La Organización Mundial de la Salud también advierte que una gestión inadecuada de residuos puede generar riesgos para la salud, lo que demuestra que el problema trasciende la protección ambiental. Mejorar la gestión de materiales significa también reducir exposición a contaminantes y prácticas peligrosas.

Cambiar la pregunta

Estos proyectos muestran que la economía circular requiere algo más que contenedores diferenciados o campañas de reciclaje. Necesita diseñadores que piensen en productos duraderos, ingenieros que desarrollen tecnologías de recuperación, emprendedores que encuentren nuevos mercados y profesionales capaces de medir los impactos ambientales y sociales.

En ese proceso, la formación universitaria puede convertirse en un espacio para experimentar soluciones. Los proyectos desarrollados por estudiantes de Unifranz muestran cómo el aprendizaje puede vincularse con problemas concretos: desde convertir botellas PET en filamento hasta encontrar nuevos usos para textiles, vidrio, cartón o dispositivos electrónicos.

La pregunta, entonces, ya no debería ser solamente “¿qué hacemos con la basura?”, sino “¿cómo diseñamos sistemas en los que la basura deje de existir como concepto?”. Ese cambio de perspectiva puede convertir un problema ambiental en una oportunidad para innovar, generar empleo y producir de una manera compatible con los límites del planeta.