De las salas de redacción al streaming: cómo cambió el periodismo para siempre

De las salas de redacción al streaming: cómo cambió el periodismo para siempre

Hace veinte años, las salas de redacción eran pequeños universos en permanente tensión. Los periodistas corrían contra el cierre de edición, había reuniones editoriales, áreas definidas y tiempos claros para publicar. Para marcar la agenda nacional el periódico impreso salía al amanecer y los noticieros centrales por la noche. 

Hoy, la información nace y muere en cuestión de segundos. Un video grabado desde un celular puede instalar un tema antes de que una redacción tradicional logre verificarlo. Las primicias ya no esperan a la imprenta ni al estudio de televisión, se publican en tiempo real en las redes sociales y llegan a la pantalla  del móvil con solo deslizar el dedo.

“Cuando aparecieron los portales digitales, los periodistas seguíamos privilegiando los medios tradicionales. Pero fue diferente con la llegada de la pandemia. Tuvimos un aprendizaje acelerado y vimos el alcance de informar a través de internet. A partir de ahí ha sido un proceso de aprendizaje constante porque tienen otro lenguaje, otras narrativas y recursos”, señala Mónica Salvatierra, docente de la carrera de Periodismo y coordinadora nacional de Comunicación de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

Este 10 de mayo, en Bolivia, se recuerda el Día del Periodista. La fecha encuentra a este rubro en medio de una transformación histórica. No se trata solo de un cambio tecnológico, sino de una mutación completa del oficio, de la manera de informar, de consumir noticias y de construir credibilidad.

“Hoy se necesita un periodista integral, crítico, ético y altamente preparado en herramientas digitales. Sin dejar de lado las habilidades tradicionales, la sensibilidad para contar historias humanas, debe tener resiliencia frente a la presión y un profundo compromiso con el servicio a la sociedad”, agrega Janeth Jacobs, directora de la carrera de Periodismo de Unifranz.

¿Cuándo la redacción dejó de tener paredes?

“Creo que la redacción dejó de ser el espacio físico entre 2016 y 2019”, señala la  expresidenta de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia, Zulema Alanes. Para ella, en Bolivia, los conflictos sociales y políticos de esos años fueron el catalizador definitivo. Ya no se esperaba a la edición impresa de la mañana ni al noticiero central, la noticia estaba explotando en Twitter (ahora X) y Facebook en tiempo real. 

“La redacción pasó a ser un centro de monitoreo de lo que la gente ya estaba comentando en sus casas y en las calles. Si bien ya usábamos redes, en ese momento la urgencia de lo que pasaba en las calles superó la capacidad de los noticieros tradicionales. La calle se volvió la ‘sala de redacción’ y la primicia se lanzaba en un tuit o un post de Facebook. Ahí entendimos que el soporte había cambiado para siempre”, sostiene.

La crisis terminó de evidenciar un fenómeno que ya avanzaba silenciosamente, las redes sociales habían comenzado a marcar el ritmo de la información. Mientras los canales de televisión preparaban sus coberturas y los periódicos ajustaban titulares, miles de ciudadanos transmitían protestas, bloqueos y enfrentamientos desde sus teléfonos móviles.

Pero si esa crisis puso al descubierto el cambio hubo otra que aceleró la transición. La Pandemia por Covid-19. El trabajo remoto, las transmisiones en vivo y el consumo masivo de contenido digital empujaron una migración inevitable a lo virtual. 

“Si bien el proceso empezó en la década del 2010, se ha afianzado en la década del 2020, cuando llegó la pandemia. Las redes sociales y el periodismo virtual eran una realidad. Ya no se medía la venta de periódicos, sino con el número de likes, con todo lo que implicaba. Es un proceso que ha ido de la mano con el desarrollo tecnológico, el cambio de audiencias y la nueva realidad”, afirma Liliana Carrillo, periodista con una trayectoria de más de dos décadas.

Las cifras sobre la conectividad de los bolivianos reflejan esos cambios. Según el informe “Digital 2026: Bolivia” de DataReportal, el país registra más de 9 millones de usuarios de internet, equivalentes al 71,3% de la población. Además, existen 9,43 millones de identidades activas en redes sociales y 13,7 millones de conexiones móviles activas. En ese escenario las plataformas digitales ya no son complementarias.

El algoritmo también edita

Con la transformación digital apareció un nuevo actor, que puede ser tan útil como riesgoso, el algoritmo. Hoy, gran parte de lo que las audiencias consumen depende de sistemas automatizados que priorizan contenido según interacciones, tendencias y tiempo de permanencia.

“En la carrera por el clic, la verificación se vuelve un lujo que pocos se dan. El algoritmo destaca lo escandaloso y lo inmediato, y nos está empujando a la banalidad”, advierte Alanes.

La presión por publicar primero y conseguir la viralización reduce los tiempos de contraste y verificación. Es en este nuevo ecosistema donde la desinformación encuentra un terreno fértil y se vuelve un riesgo para la comunidad en general.

Para Carrillo, el problema no está únicamente en la tecnología, sino también en las decisiones tomadas por el propio periodismo. “Hemos cedido a la tentación del like, del sensacionalismo y de la prisa. El periodismo tiene una responsabilidad social y no puede perder de vista la verificación, la contraparte y el compromiso con la verdad”.

Salvatierra señala que el desafío está en la rigurosidad y ética. “Sin duda hay medios que privilegian el algoritmo sin que importe mucho la calidad del periodismo. Desde mi experiencia hay que tener un mix de ambos. El algoritmo te ayuda a saber cuáles son los intereses de tus consumidores en tiempo real y además cuáles son las particularidades para plantear los reportajes de utilidad”, indica. 

Pero, advierte, para eso, el indicador de la escucha social debe ser administrado con criterio periodístico, sin renunciar a la capacidad crítica y analítica que tiene el periodista.

El periodista híbrido 

La transformación digital también cambió la manera en que las audiencias consumen información. Hoy, gran parte de los usuarios se informa mediante videos cortos, transmisiones en vivo, podcasts o contenidos diseñados para captar atención inmediata.

Así apareció lo que se podría llamar un periodista híbrido. Ya no basta con escribir una nota o aparecer frente a una cámara. El periodista actual graba, edita, transmite en vivo, administra redes sociales, analiza métricas y construye una marca personal mientras compite contra algoritmos y creadores de contenido.

Eso obligó a los periodistas a aprender nuevos lenguajes narrativos. El desafío ya no consiste únicamente en investigar y verificar, sino también en lograr que una audiencia saturada de estímulos permanezca interesada.

“Tenemos que pensar cómo presentar el material de la manera más atractiva posible”, explica Salvatierra. “El rigor periodístico y la responsabilidad social no deben perderse, pero eso no significa que informar tenga que ser aburrido”.

Ese cambio también redefinió la relación entre periodistas y audiencias. Hoy, muchos comunicadores construyen comunidades propias desde streamings, podcasts o redes sociales, sin depender necesariamente de un medio tradicional.

Pero la transformación también abrió una discusión incómoda: ¿todo creador de contenido puede considerarse periodista? La frontera entre información y entretenimiento, sin embargo, se vuelve cada vez más difusa. Influencers, streamers y creadores de contenido ocupan hoy espacios que antes pertenecían casi exclusivamente a periodistas.

Para Carrillo, la diferencia sigue siendo fundamental. “No todo influencer es periodista”, afirma. “El periodismo se desarrolla bajo premisas de ética, responsabilidad y compromiso con la verdad”.

Alanes coincide en que la democratización tecnológica tiene dos caras. Por un lado, permitió que voces históricamente excluidas puedan mostrar lo que ocurre en tiempo real. Pero, por otro, también generó una peligrosa confusión entre registrar un hecho y ejercer periodismo. “El celular da el dato, pero el periodista da el contexto”, resume.

El desafío de recuperar la confianza

En medio del ruido digital, las noticias falsas y la competencia por la atención, el periodismo enfrenta quizá el desafío más complejo de su historia reciente, recuperar la confianza de las audiencias. La tecnología transformó las plataformas, los formatos y las dinámicas, pero la esencia del oficio sigue dependiendo de la credibilidad.

Por eso, pese a los cambios, muchos periodistas insisten en que el futuro del oficio no se definirá únicamente por la tecnología, sino por la capacidad de mantener principios fundamentales como la verificación, el rigor y la responsabilidad social. 

«Las crisis solo asustan a quienes no quieren evolucionar. Lo que estamos viviendo es el parto de una nueva forma de contar nuestra historia como bolivianos. Estamos dejando atrás moldes rígidos para abrazar un periodismo más colaborativo, más humano y más diverso. No es el fin de nada, es el inicio de una era donde la verdad será el bien más preciado y nosotros, desde Unifranz, estamos preparando a quienes van a custodiar esa verdad.”, finaliza Jacobs.