¿Cuánto conoces realmente Cochabamba? Cuatro estudiantes lo convirtieron en un juego

Un equipo de estudiantes tuvo la idea de convertir los sabores, lugares y secretos de la Llajta en un tablero. Así nació «Ya, pues», un juego de mesa donde para avanzar no basta lanzar los dados, se debe conocer, argumentar y convencer.
Todo partió de la pregunta ¿cuánto conocemos realmente de la ciudad donde vivimos? La respuesta llegó de las manos de Nathalie Ramírez Olivera, Sergio Quiroga, Triana Cossío y Bianca Cardona, estudiantes de sexto semestre de Diseño Gráfico y Producción Crossmedia de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
¿Cómo se juega a convencer?
El juego no premia la suerte, sino la capacidad de debatir y argumentar. Los jugadores reciben cartas divididas en cuatro barajas: situaciones cotidianas, lugares turísticos, gastronomía y comodines.

Ante una pregunta como «¿A dónde llevarías a tu mamá en su cumpleaños?», cada participante saca su mejor carta —un Pique Macho, una visita al Palacio Portales o un buen Lapping— y defiende su propuesta. Quien convenza al grupo con los mejores argumentos, avanza casillas hasta alcanzar la meta y llevarse los ansiados «canastones» de triunfo.
Ahí es donde aparece una lista de destinos, tales como:
• Jardín Botánico Martín Cárdenas
• Portales de la Recoleta
• Museo Casona Santiváñez
• Museo Arqueológico de la UMSS
• Museo de Historia Natural Alcides d’Orbigny
• Casona de Mayorazgo
• Casa Museo Martín Cárdenas
• Palacio Portales
• Paseo de La Recoleta
• La Cancha
• Parque Nacional Tunari
Para un proyecto como «Ya, pues», turismo y gastronomía van de la mano. La experiencia cochabambina pasa también por probar pique macho, silpancho, chicharrón, pampaku, anticuchos, chajchu, habas pejtu, lawas y bebidas tradicionales.
El nombre tampoco fue casual. «Ya, pues» es una expresión profundamente cotidiana en Bolivia, utilizada para persuadir al otro a hacer algo. Una frase que, en este caso, se convierte en invitación: ya, pues, conozcamos Cochabamba.
Trabajo en equipo: cuatro mentes, una misma pasión
Detrás del tablero de «Ya, pues» hay un engranaje donde cada pieza encaja con precisión. Sergio Quiroga trajo la idea inicial y el pegajoso nombre; Bianca Cardona tomó los lápices para darle vida al universo visual como ilustradora; Triana Cossío investigó cada rincón e hito cultural para fundamentar las cartas; y Nathalie Ramírez Olivera dinamizó la propuesta.
Nathalie, paceña de nacimiento, pero «k’ochala» de corazón tras vivir siete años en la Llajta, confiesa que el verdadero aprendizaje vino del intercambio: «Había lugares y platos que mis propios compañeros me enseñaron durante la investigación. Aprendí mucho jugando y creando junto a ellos».
Esa mezcla entre la mirada fresca de quien llegó de afuera y el orgullo de los locales hizo que el aprender haciendo cobrara sentido pleno. No se trató solamente de diseñar un producto bonito, sino de investigar, contrastar información, imaginar dinámicas y convertir todo aquello en una experiencia lúdica.
Un sabor que mueve la economía
La propuesta tiene por detrás la fuerte vocación gastronómica y creativa de Cochabamba.

El Censo de Economía Naranja realizado por el Instituto de Progreso Económico y Empresarial (IPEE) de Unifranz identificó que el 54% de las actividades de este ecosistema corresponde a la gastronomía. El porcentaje está por encima del de otros sectores como moda, industria de productos y artesanías.
El estudio también estableció que la economía naranja generó 94.200 empleos, entre directos e indirectos, en Cochabamba.
A nivel país, el turismo generó 740 millones de dólares en divisas en 2024, y 383 millones solo en el primer semestre de 2025, según el Ministerio de Desarrollo Productivo. Son cifras que confirman lo que el equipo de «Ya, pues» intuyó desde el diseño: contar bien la propia ciudad también puede mover la economía.
Por eso, hablar de turismo también significa hablar de restaurantes, mercados, productores, cultura, creatividad y empleo.
Cuatro miradas, un solo proyecto
Para el quipo, la mejor forma de resumir el proyecto es una invitación: «Con este juego te enteras de lugares que muchos no conocen y que hay platos más allá del pique macho».
«Ya, pues», entonces, termina siendo algo más que un juego de mesa. Es una pequeña demostración de que, cuando los estudiantes investigan, crean, discuten y construyen juntos, el aula puede convertirse en un laboratorio para crear soluciones reales. Esto es calidad académica.
Y quizá la próxima vez que alguien diga que en Cochabamba solo conoce el Cristo, la laguna Alalay o la Coronilla, cuatro estudiantes tengan una respuesta sencilla:
«Ya, pues… te falta conocer mucho más».