Cuando las profesiones cruzan fronteras, la universidad también debe hacerlo

Cuando las profesiones cruzan fronteras, la universidad también debe hacerlo

El intercambio estudiantil, las dobles titulaciones y la cooperación entre instituciones de distintos países redefinen la educación superior. El desafío responde a la necesidad  de formar profesionales capaces de comprender otras realidades, trabajar en entornos diversos y aprovechar las oportunidades de un mundo interconectado. Para ello la internacionalización ya debe ser parte del ADN de las universidades.

“Creemos profundamente que la globalización en el mundo es algo que no se va a detener, puede cambiarse, transformarse, pero no parará. Las instituciones de educación superior tienen la responsabilidad de preparar a los jóvenes para desenvolverse en ese escenario y aprovechar sus posibilidades”, afirma Adriana Yaffar de La Fuente, coordinadora nacional de Movilidad Internacional de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).

La formación universitaria ya no se desarrolla exclusivamente dentro de las fronteras de un país. Millones de estudiantes buscan oportunidades para ampliar su educación en otros sistemas universitarios. En mayo de 2026, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) informó que la movilidad internacional había alcanzado casi 7,3 millones de estudiantes, más del triple que en el año 2000, cuando se registraban alrededor de dos millones. 

La cifra refleja un cambio en la educación superior, pero también plantea una pregunta de fondo: ¿cómo preparar a los profesionales para desempeñarse en un mundo donde los desafíos, las relaciones laborales y las oportunidades de desarrollo trascienden las fronteras nacionales?

Para Yaffar la respuesta comienza por reconocer que la internacionalización no es una tendencia pasajera, sino una realidad que las universidades deben incorporar a la formación de sus estudiantes. Y es que la globalización alcanza a profesionales, empresas e instituciones, independientemente de dónde se encuentren. La diferencia está en las herramientas con las que cuentan para responder a sus cambios. 

¿Cómo una experiencia internacional transforma la formación?

La internacionalización suele asociarse con viajar, cursar asignaturas en una universidad extranjera o aprender otro idioma. Sin embargo, su alcance es mayor cuando la experiencia permite al estudiante enfrentarse a nuevas formas de aprendizaje, relacionarse con otras culturas y descubrir maneras distintas de resolver problemas.

Yafar destaca especialmente el impacto de las estancias prolongadas. “Una vez que tienes una de estas experiencias, nunca vuelves a ser la misma persona, no solo a nivel profesional, sino a nivel personal también”, sostiene.

Durante un intercambio, el aprendizaje ocurre tanto en el aula como fuera de ella. Adaptarse a otro entorno implica desarrollar autonomía, resolver dificultades cotidianas, convivir con perspectivas diferentes y comprender cómo otras sociedades organizan sus actividades académicas y profesionales. Para quienes se forman en áreas vinculadas con los negocios, la tecnología, la salud o los servicios, ese contacto también puede ampliar la comprensión de los contextos en los que ejercerán su profesión.

“Los estudiantes vuelven con mil ideas, mil formas de hacer las cosas, preparados para tomar un rol de liderazgo en nuestro país”, señala Yaffar.

Esa transferencia de conocimientos es particularmente relevante para Bolivia y la región. La experiencia internacional puede convertirse en una oportunidad para aplicar aprendizajes adquiridos en otros contextos, desarrollar proyectos y establecer conexiones con profesionales o instituciones de otros países. El desafío consiste en que lo aprendido durante la movilidad encuentre continuidad en la trayectoria académica y profesional del estudiante.

¿Por qué la internacionalización es parte del ADN de Unifranz?

No todos, sin embargo, pueden acceder a una estancia internacional bajo las mismas condiciones. El costo del viaje, el alojamiento y el tiempo fuera del entorno habitual representan barreras que deben considerarse al diseñar estas experiencias. Yaffar reconoce ese esfuerzo económico para las familias y explica que Unifranz dispone de una escala de becas para estudiantes con los mejores promedios que buscan realizar intercambios de larga duración.

A las estancias presenciales se suman los intercambios cortos, las experiencias grupales y las modalidades virtuales. Estas últimas permiten establecer contacto con estudiantes de otros países, conocer metodologías de enseñanza y participar en actividades académicas internacionales sin asumir todos los costos de un desplazamiento físico.

Las modalidades no ofrecen una experiencia idéntica, pero amplían las posibilidades de acercamiento a otras realidades. La internacionalización puede comenzar con un proyecto compartido entre aulas de distintos países y avanzar, en función de las oportunidades de cada estudiante, hacia una estancia prolongada o una titulación conjunta.

Incorporar una perspectiva internacional a la educación superior requiere algo más que ampliar destinos o establecer convenios. Implica identificar qué experiencias responden a los objetivos de cada carrera, facilitar el acceso de los estudiantes y asegurar que la movilidad contribuya a su desarrollo académico y profesional.

También exige entender que las distintas modalidades cumplen funciones complementarias. Un intercambio corto puede acercar a un grupo a otra realidad; una estancia semestral puede ofrecer una inmersión más prolongada; una doble titulación puede articular dos trayectorias universitarias; y un proyecto virtual puede conectar aulas de países distintos sin necesidad de trasladarse.

Desde Bolivia, Unifranz incorpora esta perspectiva a su modelo educativo mediante oportunidades presenciales y virtuales, intercambios de distinta duración y programas desarrollados con instituciones extranjeras. La experiencia descrita por Yaffar plantea una visión en la que la movilidad internacional no representa un fin en sí mismo, sino una vía para ampliar las herramientas con las que los estudiantes afrontan los desafíos de su profesión.

Para las universidades aliadas, estas iniciativas abren espacios de colaboración y permiten fortalecer las relaciones académicas entre países. Para los estudiantes, pueden significar nuevas perspectivas, redes de contacto y oportunidades de aprendizaje. Para Bolivia, representan una posibilidad de conectar la formación de sus futuros profesionales con conocimientos y experiencias desarrolladas en otros contextos.

El desafío es lograr que estas relaciones sean sostenibles, accesibles y relevantes para las necesidades de formación de cada comunidad. La internacionalización adquiere verdadero sentido cuando sus beneficios no terminan al regresar de un viaje, sino que se incorporan a la manera de aprender, trabajar y colaborar.

De los convenios a la cooperación académica

Para que estas experiencias tengan continuidad, las alianzas entre universidades necesitan traducirse en oportunidades concretas. La cooperación internacional puede facilitar intercambios, proyectos académicos, movilidad docente, reconocimiento de estudios y programas que integren la formación impartida por instituciones de distintos países.

La UNESCO ha situado el reconocimiento de las cualificaciones entre los elementos centrales de la movilidad académica. Su Convención Mundial sobre el Reconocimiento de las Cualificaciones relativas a la Educación Superior promueve criterios justos y transparentes para reconocer títulos y periodos de estudio, con el propósito de facilitar la continuación de los estudios y el acceso a oportunidades profesionales. 

En la práctica, esto requiere coordinación entre instituciones, compatibilidad académica y acuerdos que establezcan cómo se integrarán las distintas etapas de formación. Cuando esa cooperación se concreta en programas conjuntos, el estudiante puede acceder a una trayectoria que conecta dos sistemas universitarios.

Un ejemplo es la alianza entre Unifranz y la Universidad de Investigación y Desarrollo (UDI), de Colombia, que permite acceder a una doble titulación en Ingeniería Comercial y Administración de Empresas. El programa vincula la formación boliviana con la colombiana y ofrece una experiencia académica compartida entre ambas instituciones. 

Este tipo de iniciativas permite observar cómo las relaciones internacionales pueden incorporarse directamente al recorrido universitario. La cooperación deja de ser solamente un acuerdo entre autoridades cuando se traduce en opciones para los estudiantes, articula contenidos académicos y conecta comunidades profesionales de distintos países.

Las posibilidades también dependen de las disciplinas. Yafar explica que el trabajo de Movilidad Internacional no se limita a establecer convenios con universidades, sino que contempla relaciones con otros espacios de formación, especialmente en el área de salud.

“En temas de internacionalización, nuestra área no ha realizado convenios solamente con las universidades, sino también con los hospitales donde se pueden hacer las prácticas”, señala.

La dimensión práctica es relevante para carreras como Medicina, Enfermería y Odontología, en las que el contacto con otros entornos sanitarios puede ampliar la comprensión de los procedimientos, las metodologías de trabajo y las realidades de atención. En estos casos, la movilidad necesita considerar las condiciones específicas de cada práctica y los requisitos académicos correspondientes.

El punto común entre estas experiencias es la cooperación: conectar instituciones para que los estudiantes puedan aprender en contextos diferentes y ampliar su formación más allá de una sola comunidad académica.

¿Cómo se construye una universidad internacional?

La movilidad no ocurre únicamente cuando un estudiante boliviano viaja al extranjero. También se desarrolla cuando jóvenes de otros países llegan a Bolivia y comparten aulas, proyectos y experiencias con estudiantes locales.

Yaffar destaca la presencia de estudiantes procedentes de países como Perú, Argentina y Brasil, que eligen Bolivia para cursar estudios superiores. Su llegada permite que la comunidad universitaria entre en contacto con otras culturas y trayectorias educativas, incluso sin que todos sus integrantes tengan la posibilidad de viajar.

La coordinadora invita a considerar a estos estudiantes como participantes activos de la internacionalización, con acceso a las oportunidades disponibles para la comunidad universitaria. “Ellos ya probablemente han tenido la proactividad de dejar sus países y de venir al nuestro”, señala, al explicar que también pueden beneficiarse de nuevas experiencias académicas durante su estancia en Bolivia.

Esta dimensión amplía la idea de movilidad y pone en el centro la reciprocidad. Mientras algunos estudiantes conocen otros países, quienes los reciben tienen la oportunidad de aprender de sus experiencias, contrastar perspectivas y construir relaciones que pueden extenderse más allá del aula.

Las amistades, los contactos y las conexiones significativas pueden convertirse en vínculos personales, profesionales y académicos que sostengan futuras colaboraciones.

En ese sentido, la internacionalización no se reduce al movimiento de personas entre países. También depende de la capacidad de las universidades para construir comunidades donde el intercambio sea mutuo y las relaciones se mantengan en el tiempo.