Cuando el sistema de salud deja de tener margen para equivocarse

Cuando el sistema de salud deja de tener margen para equivocarse

En Santa Cruz de la Sierra, hablar de mala praxis médica ya no se limita a una discusión entre médicos, abogados y pacientes. Casos de cirugías cuestionadas, muertes bajo investigación y denuncias de atención deficiente muestran una realidad más compleja: un sistema de salud que enfrenta falta de personal, carencia de insumos y servicios saturados.

La pregunta es inevitable: ¿cuánto influye la preparación de los profesionales y cuánto pesa un sistema que obliga a trabajar al límite?

Pacientes y familias que esperan respuestas

Uno de los casos más recordados ocurrió en 2018. Un niño de tres años con cáncer ingresó al Instituto Oncológico del Oriente para que le retiraran el riñón afectado por un tumor. Durante la cirugía, los médicos extirparon por error el órgano sano y posteriormente retiraron también el riñón enfermo. El menor quedó sin ambos órganos y necesitó hemodiálisis mientras esperaba un trasplante. Las autoridades de Salud calificaron entonces el hecho como un caso de mala praxis.

El caso volvió a poner sobre la mesa una pregunta básica de seguridad del paciente: ¿qué controles deben existir antes, durante y después de una intervención para evitar un error de esa magnitud? La investigación académica sobre mala praxis en Bolivia señala, precisamente, que para determinar responsabilidades también deben analizarse las condiciones de infraestructura y recursos en las que se realizó el acto médico.

Cinco años después, en 2023, otra denuncia involucró a una odontóloga en Santa Cruz. Una adolescente de 17 años ingresó a un establecimiento para someterse a una “miniliposucción”. Cinco días después presentó dolores y terminó internada en terapia intensiva. La Fiscalía abrió una investigación por presuntas lesiones culposas y el Sedes clausuró el establecimiento por no contar con licencia de funcionamiento, según El Deber.

El caso resulta relevante porque no se trataba de una atención odontológica convencional. La denuncia involucró a una profesional identificada como odontóloga que realizó un procedimiento estético. La defensa de la víctima, además, sostuvo que la acusada no pertenecía al Colegio de Odontólogos. Todo quedó bajo investigación por la presunta mala praxis.

En octubre de 2025 apareció otro caso que involucró directamente a un equipo de salud. Una mujer de 35 años murió durante una cirugía laparoscópica para tratar cálculos en la vesícula. Según la autopsia citada por Red Uno, falleció por un shock hipovolémico provocado por una lesión en una vena subclavia. La Fiscalía abrió una investigación por homicidio culposo contra los profesionales que participaron en la operación.

Ocho personas —entre médicos, enfermeras e instrumentistas— fueron citadas a declarar. La Fiscalía secuestró la historia clínica y otros documentos para determinar qué ocurrió. Entre los elementos que llamaron la atención estuvo que la cirugía figuraba programada para la tarde, pero se realizó en la mañana. El caso seguía bajo investigación, por lo que cualquier responsabilidad individual debía ser determinada por las autoridades.

“La formación del profesional es un factor clave para prevenir errores en la práctica médica. No basta con tener conocimientos; el estudiante debe desarrollar competencias para aplicar procedimientos correctamente y asumir con seguridad los desafíos de su futura profesión”, dijo Rayza Viera, directora de la Carrera de Medicina de la Universidad privada Franz Tamayo, Unifranz.

Profesionales preparados, pero ¿en qué sistema?

Estos casos no permiten concluir que una mala formación sea la causa de las denuncias. Sin embargo, sí obligan a mirar cómo se prepara a quienes tendrán en sus manos la vida de otras personas.

Medicina, Enfermería, Odontología y Bioquímica y Farmacia requieren algo más que conocimientos teóricos. El estudiante necesita prácticas supervisadas, entrenamiento técnico, capacidad para responder ante emergencias y contacto progresivo con situaciones reales antes de asumir responsabilidades profesionales.

La formación tampoco termina con el título. La actualización permanente es indispensable en un sector donde cambian los protocolos, las tecnologías, los medicamentos y los procedimientos. 

Pero incluso un profesional bien preparado necesita condiciones para trabajar. Y ahí aparece el otro problema,: Santa Cruz tiene un sistema sanitario que periódicamente muestra señales de saturación.

En 2025, El Deber reportó que el Hospital de Niños enfrentaba problemas por falta de personal de enfermería. La situación llegó al punto de advertirse el riesgo de cierre del servicio de Infectología. En 2026, nuevas denuncias señalaron falta de personal, medicamentos, camas de terapia intensiva e infraestructura.

También hubo problemas en el Hospital Japonés. En junio de 2025 se suspendieron cirugías programadas debido a la falta de insumos médicos y problemas con equipos de esterilización. El centro realizaba alrededor de 20 operaciones diarias, según el reporte de Unitel.

El problema, entonces, no puede reducirse a señalar al médico, al enfermero, al odontólogo o al bioquímico cada vez que ocurre un error. La seguridad del paciente también depende de que existan suficientes profesionales, equipos funcionando, medicamentos, protocolos, supervisión y condiciones adecuadas para trabajar.

Santa Cruz necesita profesionales capacitados, pero también necesita un sistema capaz de sostenerlos. Porque cuando faltan médicos, enfermeras, especialistas, bioquímicos y farmacéuticos; cuando faltan insumos; cuando las camas no alcanzan y los hospitales reciben más pacientes de los que pueden atender, el riesgo aumenta.

“Durante la formación, la simulación permite que el estudiante deje de ser un simple observador y tenga la oportunidad de practicar antes de llegar a un escenario real. Esa experiencia genera seguridad y confianza, pero también contribuye a formar profesionales mejor preparados y a proteger la seguridad de los pacientes”, agregó Viera. 

La discusión sobre mala praxis debería comenzar antes de que ocurra una tragedia. En las universidades, preguntando si los futuros profesionales están suficientemente entrenados. En los hospitales, verificando si existen condiciones seguras de trabajo. Y en las autoridades, exigiendo que la falta de presupuesto, personal o equipamiento no termine convirtiéndose en una amenaza para el paciente.

Porque detrás de cada denuncia hay una persona. Un paciente que entró a un hospital buscando una solución y una familia que, después de un error, una complicación o una muerte, termina buscando una respuesta.

Y esa es quizá la pregunta más importante para Santa Cruz: ¿estamos formando profesionales para un sistema de salud que todavía no tiene las condiciones necesarias para que puedan ejercer de manera segura?