Crisis en la educación boliviana: 7 de cada 10 escolares no comprenden lo que leen

Crisis en la educación boliviana: 7 de cada 10 escolares no comprenden lo que leen

Felipe mira fijamente la hoja frente a él, pero las palabras parecen no tener sentido, como si estuvieran ahí solo para confundirlo. Tiene 17 años y está en el último grado de secundaria y, aunque ha pasado de curso año tras año, sabe que hay algo que no encaja: no lee lo suficiente, le cuesta entender lo que lee y eso le hace dudar de todo, incluso de su capacidad para elegir una carrera universitaria.

Lo que vive Felipe es el reflejo de una realidad que atraviesa a miles de estudiantes en Bolivia, donde la lectura ha dejado de ser un hábito y la comprensión se ha vuelto una deuda pendiente. Datos del Observatorio Plurinacional de la Calidad Educativa y de UNESCO-LLECE muestran que solo 3 de cada 10 estudiantes comprenden lo que leen, una situación que limita  el desarrollo del pensamiento crítico y la capacidad de formar criterio propio.

“Este dato es alarmante porque evidencia una crisis profunda en la educación boliviana. No se trata únicamente de que los estudiantes lean poco, sino de que enfrentan serias dificultades para comprender, analizar y reflexionar sobre lo que leen”, afirma Fabiola Vargas, directora de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.

Cuando la lectura se vuelve superficial o inexistente, las consecuencias no tardan en aparecer en la forma en que los jóvenes piensan, opinan y participan en su entorno. Sin comprensión, no hay cuestionamiento, y sin cuestionamiento, se debilita la capacidad de construir ideas propias en un mundo cada vez más saturado de información.

“Leer bien y escribir claro son como las alas del pensamiento crítico y la ciudadanía activa. Si un estudiante no comprende lo que lee, difícilmente podrá formar opiniones sólidas o participar de manera activa en la sociedad”, advierte Vargas.

El problema no solo está en los estudiantes, sino en un sistema que aún prioriza la memorización por encima del análisis, dejando de lado el verdadero sentido de leer y escribir. A esto se suma una falta de acompañamiento en el proceso de escritura y una desconexión entre los contenidos y la realidad de los jóvenes, lo que termina alejándolos aún más de la lectura.

“El problema es estructural y requiere soluciones integrales que transformen la forma en que se enseña la lectura y la escritura. No pueden seguir abordándose como ejercicios mecánicos, sino como procesos de comprensión, análisis y construcción de sentido”, sostiene la académica.

Hoy, en medio de redes sociales, titulares rápidos y contenido inmediato, muchos estudiantes consumen información sin detenerse a entenderla o cuestionarla. Esta falta de profundidad los vuelve más vulnerables a la desinformación y limita su capacidad de tomar decisiones informadas.

“Sin lectura comprensiva no hay ciudadanos que cuestionen de verdad. Esto no solo afecta al individuo, sino que limita el desarrollo del país porque debilita la capacidad colectiva de reflexionar y construir un mejor futuro”, concluye la directora.

Felipe vuelve a mirar su hoja, consciente de que no es solo un problema suyo, sino parte de algo mucho más grande. Y mientras el mundo le exige respuestas sobre su futuro, él sigue buscando entender lo básico: cómo leer, comprender y, sobre todo, cómo pensar por sí mismo.