«Conexión Dorada»: el proyecto universitario que enseña a los adultos mayores a navegar sin miedo en el mundo digital

Los jueves, la Asociación de Personas Adultas Mayores de Jacarandá se convierte en un espacio de encuentro. Allí se realizan distintas actividades y, durante una jornada especial, los celulares también ocuparon un lugar importante. No para distraer ni aislar, sino para aprender, preguntar y acercarse a quienes están lejos.
Para algunas personas, enviar un mensaje, compartir una fotografía o realizar una videollamada parece sencillo. Pero, para otras, cada botón despierta una duda: ¿qué pasa si me equivoco?, ¿puedo borrar algo importante?, ¿cómo regreso a la pantalla anterior? Detrás de esas preguntas tan simples no existe falta de interés, existe miedo, un lenguaje tecnológico difícil de comprender y, muchas veces, falta de alguien que explique sin apuro.

Esos fueron los problemas que deseaban solucionar los estudiantes de Ingeniería de Sistemas, Psicología y Publicidad y Marketing de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) Cochabamba. Para ello, desarrollaron «Conexión Dorada», un proyecto creado para reducir la brecha digital y promover la salud mental de las personas adultas mayores.
Este es un Proyecto Integrador desarrollado bajo el enfoque de investigación-acción socioformativa y la metodología de Aprendizaje Basado en Soluciones (ABS), que promueve el trabajo colaborativo entre docentes y estudiantes de las tres carreras.
En ese sentido, los estudiantes de Ingeniería de Sistemas desarrollaron una plataforma interactiva de entrenamiento utilizando JavaScript, Tailwind CSS, PostgreSQL y Supabase, diseñada para simular el funcionamiento de aplicaciones y redes sociales como Facebook, WhatsApp y TikTok, ofreciendo un entorno seguro, intuitivo y accesible que facilita el aprendizaje práctico de las personas adultas mayores.

Por su parte, la carrera de Psicología desarrolló el componente «Bienestar Dorado», orientado a la promoción de la salud mental y la prevención de la depresión mediante una revista digital y una serie audiovisual de cuatro episodios.
Las cifras detrás de la desconexión
Antes de diseñar la solución, los estudiantes escucharon las dificultades que tenían los usuarios. Se realizó una encuesta piloto a 70 personas adultas mayores y se encontró que el problema no era únicamente tener o no acceso a internet.
Las mayores barreras eran el lenguaje técnico, las interfaces poco intuitivas y la ausencia de acompañamiento. El 49,3% quería aprender a utilizar WhatsApp y las videollamadas para comunicarse con sus familiares. El 37,7% mostró interés por el comercio electrónico y el 36,2% por la banca móvil. Además, el 45,7% prefirió aprender presencialmente y mediante ejercicios prácticos.

Con esos datos, los estudiantes de Ingeniería de Sistemas construyeron una plataforma de entrenamiento en la que se puede practicar antes de utilizar una aplicación real. Allí es posible familiarizarse con acciones cotidianas como enviar mensajes, compartir estados o subir fotografías, sin el temor de cometer un error irreversible.
Aprender sin sentirse juzgado
El desafío no estuvo solamente en programar. «Uno de nuestros mayores temores era que las personas adultas mayores se sintieran incómodas al recibir la enseñanza de alguien joven», recordó Fernanda Durán, estudiante de Publicidad y Marketing.
La experiencia demostró lo contrario. Las preguntas aparecieron, la conversación se hizo más cercana y la plataforma comenzó a ser evaluada por quienes realmente la utilizarían.
«Les gustó nuestra forma de explicar y nos pidieron que, por favor, continuáramos con el proyecto», relató la estudiante.

Para Cristhian Vargas, de Ingeniería de Sistemas, el proyecto también permitió revisar una escena conocida en numerosas familias: una persona mayor pide ayuda para manejar el celular y el joven responde con rapidez, impaciencia o termina realizando la tarea en su lugar.
«No tengan miedo. Cualquier persona puede aprender», afirmó. Su mensaje también interpela a las nuevas generaciones y señala que enseñar no significa apretar los botones por alguien, sino acompañarlo hasta que pueda hacerlo por sí mismo.
«Muchas de las personas adultas mayores hoy viven solas, pero conocer el uso de estas herramientas les permite hacer conexión social; incluso una videollamada, que parece tan simple, favorece mucho a que esta persona pueda retomar su vínculo social con sus familiares o con sus amistades», explica Alejandra Gutiérrez Pinaya, docente de Psicología.
La tecnología también puede cuidar
«Conexión Dorada» no se limitó a explicar cómo se usan las redes sociales. La carrera de Psicología incorporó el componente «Bienestar Dorado», integrado por una revista digital y una serie de cuatro episodios audiovisuales sobre soledad, tristeza, envejecimiento, señales de alerta de la depresión y estrategias de prevención.

Uno de los aprendizajes fue comprender que la tristeza prolongada no debe asumirse como una consecuencia inevitable de envejecer.
«Debemos estar atentos. Las personas adultas mayores también pueden atravesar una depresión», explicó Katherine Ortega, estudiante de Psicología. Para ella, aprender tecnología también puede ayudar a mantener el contacto con la familia y disminuir el aislamiento.
Un puente de ida y vuelta
Durante la validación de Conexión Dorada, las personas adultas mayores no fueron simples receptoras de ayuda. Probaron la plataforma, señalaron dificultades y propusieron mejoras. Sus observaciones permitieron hacer el software más accesible.

«Estaban agradecidas por ser tomadas en cuenta», contó la docente María Renné Ledezma. Luego llegó una solicitud sencilla y significativa: querían más cursos.
Los jóvenes enseñaron a utilizar una herramienta, pero también aprendieron a escuchar, explicar con calma y reconocer otras formas de mirar el mundo.
«Si realmente nos unimos entre varios, podemos alcanzar un fin común», resumió Katherine.
«Definitivamente, fue un reto muy interesante, ya que los chicos de Publicidad y Marketing tuvieron que usar mucha creatividad y mucha innovación para poder generar material que realmente puedan entender los adultos mayores», valora la docente de Docente Publicidad y Marketing, Ana Aliosha Vargas Calderón.
Con todo lo realizado, estudiantes, docentes y las personas adultas mayores constataron que la brecha generacional no desaparece únicamente con una aplicación. Comienza a reducirse cuando una persona se sienta junto a otra, escucha su pregunta y responde sin juzgar. A veces, el puente puede comenzar con algo tan cotidiano como un mensaje enviado por primera vez.