¿Cómo hacer un análisis correcto sobre el efecto dominó de los bloqueos sobre la economía?

Los paros y bloqueos generan largas filas, retrasos y dificultades para el transporte de personas y mercancías. Sin embargo, detrás de estas consecuencias visibles existe un impacto económico mucho más profundo que afecta la producción, el abastecimiento, los precios, el empleo y la capacidad de planificación de empresas y familias. Comprender estos fenómenos requiere profesionales capaces de analizar datos, evaluar riesgos y proponer soluciones basadas en evidencia.
Para Ronald Bedregal, director de la carrera de Ingeniería Económica de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) sede La Paz, el impacto de los bloqueos no puede analizarse únicamente desde las pérdidas comerciales inmediatas. Se trata de un fenómeno que altera el funcionamiento de toda la economía y cuyos efectos pueden extenderse incluso después de que las medidas de presión concluyan.
“El impacto real de un bloqueo va mucho más allá de la pérdida diaria de ventas. Se interrumpen cadenas de suministro, aumentan los costos logísticos, se retrasan exportaciones e importaciones y se genera incertidumbre sobre la continuidad de las actividades económicas”, explica.
En el contexto boliviano, el problema adquiere una dimensión aún mayor debido a la fragilidad económica que atraviesa el país. Factores como la inflación, las restricciones de divisas y la desaceleración económica hacen que cualquier interrupción en el abastecimiento tenga efectos inmediatos sobre los precios y el poder adquisitivo de la población.
“El INE reportó una contracción del PIB de 1,58 por ciento en 2025, mientras que la inflación acumulada de ese año alcanzó el 20,40 por ciento. A abril de 2026, si bien la inflación mensual fue moderada, la variación a 12 meses todavía se ubicó en 14,18 por ciento. Esto significa que cualquier interrupción en el abastecimiento puede trasladarse rápidamente a precios, expectativas y pérdida de poder adquisitivo”, sostiene.
Según Bedregal, los bloqueos generan un choque simultáneo sobre la oferta y la demanda. Las empresas reducen o paralizan su producción por falta de insumos, combustible o materia prima, mientras que los consumidores modifican sus hábitos de compra, priorizan bienes esenciales o enfrentan incrementos de precios provocados por la escasez.
Los sectores más afectados suelen ser aquellos que dependen directamente de la movilidad física. El transporte es uno de los primeros en sentir el impacto, ya que la imposibilidad de circular incrementa los costos operativos, obliga a utilizar rutas alternativas y reduce la capacidad de distribución de mercancías en todo el país.
La actividad agropecuaria también enfrenta importantes pérdidas. Productos como frutas, verduras, carne, leche y otros alimentos perecederos tienen tiempos limitados de comercialización. Cuando la logística se interrumpe, muchos productores ven deteriorarse o perder completamente parte de su producción antes de llegar a los mercados.
La industria manufacturera tampoco queda al margen. Muchas empresas dependen de una provisión constante de insumos, repuestos, envases o combustible para mantener sus operaciones. Cuando alguno de estos elementos falta, la producción disminuye, aumentan los costos y se generan retrasos que afectan la competitividad empresarial.
Otro sector especialmente vulnerable es el comercio minorista. En Bolivia, donde una parte importante de la población genera ingresos diarios a través de actividades comerciales, cualquier interrupción prolongada impacta directamente en la economía familiar. Miles de personas dejan de percibir ingresos mientras continúan enfrentando gastos cotidianos.
“Las pérdidas económicas no deberían calcularse únicamente multiplicando una cifra general por el número de días de bloqueo. Ese método puede servir como aproximación comunicacional, pero técnicamente es insuficiente. Una medición seria debe distinguir entre pérdidas directas, pérdidas indirectas y efectos inducidos”, remarca Bedregal.
A ello se suman consecuencias menos visibles que muchas veces pasan desapercibidas. Una de ellas es la pérdida de confianza. Cuando los bloqueos se vuelven recurrentes, las empresas incorporan ese riesgo en sus decisiones, reducen inversiones, incrementan inventarios de seguridad y trasladan mayores costos al consumidor final.
También existe un deterioro progresivo de la productividad. Las horas perdidas en filas, desvíos, búsqueda de combustible o retrasos en la entrega de mercancías no siempre aparecen en los informes económicos, pero representan una reducción constante en la eficiencia de trabajadores y empresas.
“La inflación también puede agravarse durante estos escenarios. No solamente porque escasean determinados productos, sino porque aumentan los costos de transporte, se generan expectativas de desabastecimiento y se producen compras anticipadas por parte de la población”, señala Bedregal.
Desde la perspectiva de la Ingeniería Económica, medir estos efectos requiere metodologías especializadas que permitan diferenciar pérdidas directas, indirectas e impactos inducidos. Para ello se utilizan indicadores relacionados con producción, empleo, movimiento de carga, comercio exterior, precios, inventarios y actividad sectorial, entre otros factores.
Frente a este panorama, el especialista considera fundamental desarrollar estrategias que permitan reducir la vulnerabilidad económica del país. La planificación de corredores logísticos estratégicos, la elaboración de planes de contingencia y el uso de modelos de escenarios son algunas de las herramientas que pueden contribuir a mitigar los efectos de futuras crisis.
Precisamente, esa visión práctica forma parte de la propuesta académica de Unifranz. La carrera de Ingeniería Económica busca que los estudiantes desarrollen competencias para interpretar problemas reales y transformarlos en oportunidades de análisis y solución. Casos vinculados a bloqueos, inflación, escasez de divisas o inversión pueden convertirse en escenarios de aprendizaje donde los futuros profesionales aplican herramientas técnicas para evaluar impactos y proponer alternativas.
“El enfoque práctico permite que los estudiantes trabajen con situaciones reales del entorno. Un caso como los bloqueos puede convertirse en un ejercicio de análisis económico donde se estiman pérdidas sectoriales, se evalúan escenarios, se analizan riesgos y se plantean estrategias de mitigación”, afirma Bedregal.
Bajo el modelo de Aprender Haciendo, los estudiantes fortalecen habilidades clave como el pensamiento analítico, la modelación de escenarios, la interpretación de datos y la comunicación técnica. El objetivo es que los conocimientos adquiridos en el aula se conecten permanentemente con los desafíos económicos que enfrenta el país.
“Los problemas económicos reales no aparecen ordenados como en los libros. Por eso necesitamos formar profesionales capaces de analizar información, interpretar contextos complejos y tomar decisiones con evidencia”, concluye Bedregal.
De esta manera, Unifranz apuesta por una formación que combina rigurosidad técnica, visión estratégica y experiencia práctica para preparar ingenieros económicos capaces de responder a los retos de un entorno cada vez más dinámico e incierto.