¿Cómo entender la crisis que impacta en las pequeñas empresas en Bolivia?

Una radiografía de la academia a la crisis que golpea al «empresario invisible».
A las seis de la mañana, mientras la ciudad todavía bosteza, una tienda de barrio ya tiene la cortina levantada. En la puerta, el dueño revisa precios, cuenta monedas, calcula cuánto subieron los insumos y decide, otra vez, qué producto puede comprar y cuál debe dejar para después.
Esa escena ayuda a entender el momento que atraviesan miles de pequeñas empresas en Bolivia: negocios que siguen abiertos, pero cada vez con menos margen para crecer, contratar o incluso mantenerse a flote. No se trata solo de una sensación de crisis. Se trata de una realidad que empieza a quedar mejor explicada cuando se la mira con datos.

Tres estudios del Instituto de Progreso Económico y Empresarial (IPEE) de la Universidad Privada Franz Tamayo, Unifranz, levantaron evidencia sistemática sobre el universo de los emprendimientos: el Censo de Economía Naranja, la Caracterización de la Feria Navideña y el Censo ICAM. En conjunto, los hallazgos muestran un escenario de alta informalidad, baja permanencia y una fragilidad estructural que dificulta la consolidación de los negocios en el tiempo.
Palette vende la mitad de lo que vendía, pero sigue creyendo en Bolivia
Ramiro Vidaurre Céspedes creó Palette hace tres años, un emprendimiento que traduce emociones en color y tipografía. Sus cuadros, con frases de valor cultural, decoran hogares cochabambinos gracias a lo aprendido en la carrera de Diseño Gráfico y Producción Cross Media de Unifranz. Pero la crisis lo golpea duro ahora, como a la mayoría de emprendedores y creativos.
«Las ventas han disminuido un 50% en comparación con lo que vendía, por ejemplo, por el Día de la Madre», afirma. La razón: las pymes dependen de la economía ciudadana. «Si a ellos les va bien, nos compran, nos pueden consumir», explica. Los insumos también subieron: la hoja de trupán pasó de 250 a 700 bolivianos debido a los bloqueos.
Pinturas, vinilos y otros insumos también registraron importantes incrementos, lo cual elevó considerablemente los costos de producción. «Era muy difícil conservar los precios», sostiene.

Aunque invisibles en la prensa, estos emprendedores creativos sostienen la economía cotidiana. Ramiro no se rinde: aplica lo aprendido en Diseño Gráfico para potenciar su negocio en redes sociales.
«La situación del país es preocupante, pero esperemos que vengan tiempos mejores», suspira. Su historia refleja a miles de emprendedores que, entre escasez y talento, siguen apostando por construir país.
Las cifras de los estudios mencionados muestran que el 91% de los emprendimientos presenta algún grado de informalidad y solo el 13% alcanza 15 años de vida. El problema no es solo que muchos negocios nacen con poca capacidad de sostenerse. También es que lo hacen en un entorno donde diversos factores económicos y logísticos terminan alterando cada paso de la actividad económica.
El rostro de la informalidad
El Censo de Economía Naranja, realizado por el IPEE-Unifranz en Cochabamba, muestra que la gastronomía concentra el 54% de ese universo y que apenas una de cada once unidades opera con plena formalidad. Ese dato permite entender por qué hablar de informalidad no es hablar de una excepción, sino de una forma extendida de sobrevivir económicamente.
No aparece en los grandes titulares, pero sostiene una parte esencial de la economía cotidiana: vende, compra, emplea, fía, paga cuando puede y resiste como puede. El documento además muestra que muchos emprendimientos nacen, pero pocos logran consolidarse: el 56% cierra antes de los cinco años y solo el 25% alcanza una década de vida.
Desde la mirada de la academia, eso revela que la pequeña empresa boliviana enfrenta condiciones que dificultan su consolidación.
Mujeres jóvenes y empleo
La Caracterización Socioeconómica de la Feria Navideña, que se realiza cada año en Cochabamba, aporta otro dato clave: el 77% de los emprendimientos participantes está liderado por mujeres y el 53,5% por personas menores de 35 años. Además, el 91% contrata personal durante la feria, generando empleo directo.
No se trata de un elemento aislado, sino de una parte central del ecosistema emprendedor. La crisis de las pequeñas empresas también impacta en el liderazgo femenino, el trabajo joven y los ingresos familiares que dependen de este tipo de actividad.

«La gastronomía sostiene el empleo joven y femenino, pero enfrenta costos que cambian cada semana. Hasta ahora los esfuerzos no basta si los insumos suben, el consumo cae y el emprendedor trabaja sin margen», expresa Dennise Dalence, presidenta de la Cámara Gastronómica de Cochabamba, Aserac.
La valiosa contribución académica
Los expertos de Ingeniería Comercial, Administración de Empresas y Economía de Unifranz plantean que la respuesta no puede limitarse a resistir.
Las MYPES necesitan estrategias simples y aplicables: ordenar flujo de caja, separar finanzas personales del negocio, reducir dependencia de insumos importados, diversificar ingresos, acceder a microfinanciamiento responsable y usar herramientas digitales para vender más allá del barrio.

En esa línea, el director de Ingeniería Comercial de Unifranz, Diego Delgadillo, sostiene que, en una situación de crisis, es urgente fortalecer alianzas y consolidar articulación corporativa, «todo con el respaldo de las cámaras e instituciones del sector empresarial e industrial».
En este contexto, también se hace necesario pensar en el tipo de profesionales que la academia está formando. De acuerdo con la directora de Administración de Empresas, Simay Vera Vargas, desde Unifranz se trabaja en una formación sólida que trasciende el conocimiento técnico y busca desarrollar profesionales capaces de enfrentar precisamente escenarios complejos y cambiantes.
«Los estudiantes analizan problemas empresariales, sociales y económicos similares a los que enfrenta actualmente el país. Son líderes capaces de afrontar desafíos con gran solvencia; su formación en innovación y emprendimiento promueve la búsqueda de soluciones creativas frente a situaciones adversas», señala.
A eso, destaca, se suma el trabajo colaborativo e interdisciplinario que los prepara para ejecutar acciones con distintos actores y sectores.
En ese marco, los estudios del IPEE y de Unifranz aportan una lectura más precisa sobre el comportamiento de estos negocios y sobre las condiciones que limitan su desarrollo. Entender a la micro y pequeña empresa, concluye el enfoque académico, es clave para dimensionar una parte central de la economía boliviana.