Cholitas escaladoras: identidad que mueve el turismo

Subir una montaña puede ser un desafío deportivo, pero para las cholitas escaladoras Khunu es también una manera de contar quiénes son, reivindicar sus raíces y mostrar al mundo otra cara de Bolivia. Su experiencia, marcada por el esfuerzo, la superación y el orgullo de vestir pollera en las cumbres, revela cómo la cultura viva puede convertirse en una experiencia turística y, al mismo tiempo, en una expresión de la economía creativa.
Así quedó reflejado durante el conversatorio Montañas que inspiran, realizado en la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) sede El Alto, donde compartieron con estudiantes y asistentes sus historias vinculadas al andinismo, el excursionismo, la gastronomía de alta montaña y la identidad cultural.
Khunu significa “nieve” en aymara. El nombre resume parte de la relación de estas mujeres con las montañas y sus raíces. Lita González explicó durante el encuentro que tanto ella como Dora Magueño llevan alrededor de una década vinculadas al montañismo y que esa pasión las llevó a conformar una asociación con personería jurídica. Su propósito, dijo, no se limita a conquistar cumbres: buscan inspirar a mujeres, niñas, niños y personas de distintas edades a superar sus propios miedos y reconocer sus capacidades.
“Escalamos las montañas vistiendo con orgullo nuestras polleras”, señaló González. Para ellas, esa vestimenta representa identidad, tradición y fuerza. La pollera, lejos de ser una limitación, se convierte en parte de la experiencia que ofrecen y en un símbolo que permite mostrar la cultura boliviana dentro y fuera del país.
La historia de Dora Magueño sintetiza esa transformación. Cocinera de profesión y sin una formación académica prolongada, comenzó a trabajar en la montaña preparando alimentos para turistas. Su primer acercamiento fue como cocinera de alta montaña, cargando ollas, anafre e insumos para preparar alimentos, entre ellos sus tradicionales sopas de verduras.
Al principio tenía miedo de que a los turistas no les gustara su comida. La respuesta fue distinta: la sopa fue recibida con entusiasmo y esa experiencia la motivó a continuar. Con el tiempo, la cocinera que observaba desde los campamentos a quienes ascendían comenzó a preguntarse qué había en la cima y por qué algunos regresaban felices mientras otros lo hacían abatidos.
En 2015 cumplió su sueño y comenzó a escalar. Lo hizo inicialmente con equipos antiguos y enfrentando el temor y la discriminación que había experimentado como mujer de pollera. La montaña, contó, le permitió sentirse libre y demostrar que podía alcanzar aquello que se había propuesto. Desde entonces continuó ascendiendo y llegó a participar en experiencias internacionales en países como Francia, Italia y Polonia. También fue protagonista del filme Cholitas.
Su recorrido muestra una de las claves de la economía creativa: convertir conocimientos, talentos, historias y elementos culturales en propuestas capaces de generar valor. En este caso, la cocina, la indumentaria, el montañismo y la narrativa personal se articulan para construir una experiencia turística diferenciada.
Turismo, motor de la economía creativa
La relación con el turismo es directa. Las cholitas escaladoras no venden únicamente una ascensión a una montaña. Su presencia incorpora una historia, una identidad y una forma particular de relacionarse con el territorio. Para el visitante, la experiencia puede incluir el paisaje andino, el desafío físico, la gastronomía de altura y el encuentro con mujeres aymaras que han convertido sus propias vivencias en una carta de presentación de Bolivia.
Esta perspectiva coincide con los planteamientos abordados a través de las varias ediciones del Foro Internacional de Economía Creativa de Unifranz, que identifica al turismo como un espacio donde la creatividad, la identidad y la innovación pueden generar nuevas oportunidades económicas. El enfoque plantea que el patrimonio y las tradiciones no deben permanecer únicamente como elementos de contemplación, sino que pueden convertirse, con planificación y sostenibilidad, en productos y experiencias con identidad.
Las cholitas Khunu son un ejemplo de esa transformación. Su historia ha trascendido las fronteras y ha contribuido a posicionar la imagen de Bolivia en escenarios internacionales. Cada ascenso, fotografía, producción audiovisual o relato sobre sus experiencias amplía la posibilidad de que nuevos públicos conozcan las montañas bolivianas y se interesen por sus culturas.
Pero el impacto no se limita a la promoción turística. La experiencia también abre oportunidades para otros actores vinculados al sector: guías, cocineros, operadores turísticos, emprendimientos comunitarios, alquiler de equipos y servicios asociados al montañismo. Durante la conferencia se destacó, además, la importancia de la preparación, la seguridad y la formación profesional, elementos que permiten desarrollar estas actividades de manera responsable y adquirir experiencia práctica en contextos reales.
En ese sentido, el desafío es convertir experiencias exitosas en un ecosistema sostenible. El Foro de Unifranz puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer la articulación entre academia, empresas y Estado, además de impulsar investigación, políticas públicas y estándares de calidad que permitan medir y consolidar el impacto de las iniciativas de economía creativa.
Las cholitas escaladoras muestran que una experiencia auténtica puede convertirse en un activo turístico. Su mayor fortaleza no está solamente en llegar a la cima, sino en lo que llevan consigo: una historia de superación, una identidad aymara, una vestimenta que desafía prejuicios y conocimientos que pueden transformarse en servicios y experiencias. En ese proceso también desarrollan competencias del futuro, como liderazgo, adaptación, trabajo en equipo, resolución de problemas y capacidad para crear propuestas con valor cultural.
“La montaña desafía, no discrimina”, expresó Magueño durante el encuentro. La frase resume también el potencial de una economía que encuentra valor en aquello que nace de las comunidades y de sus propias historias. Desde las cumbres, las cholitas Khunu no solo conquistan montañas: convierten identidad, talento y tradición en una experiencia que puede impulsar el turismo y proyectar la creatividad boliviana hacia el mundo.