Bolivia necesita más ciencia: el desafío de formar investigadores desde el pregrado

La formación de investigadores no debería comenzar al final de la carrera ni limitarse a la elaboración de una tesis. En un contexto atravesado por el cambio climático, las crisis sanitarias, la transformación digital y las desigualdades sociales, las universidades enfrentan el desafío de despertar vocaciones científicas desde el pregrado y formar profesionales capaces de investigar los problemas de su entorno.
“Nosotros como universidad creemos que la investigación es un pilar fundamental de la formación de la población estudiantil y de las competencias que los docentes tienen que impartir y desarrollar entre ellos mismos”, afirma Lucía Alvarado Arnez, coordinadora nacional de Investigación de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
Su planteamiento pone sobre la mesa un desafío que trasciende la producción de artículos científicos. Investigar durante la formación universitaria significa aprender a formular preguntas, contrastar información, buscar evidencias y proponer soluciones a problemas concretos. En otras palabras, implica formar profesionales que no solo consuman conocimiento, sino que también estén preparados para producirlo.
El reto tiene una dimensión regional. Según datos de UNESCO, América Latina y el Caribe representó apenas el 2,5% de la inversión mundial en investigación y desarrollo en 2022. Sin embargo, el número de investigadores en la región creció de 442.835 en 2013 a 642.383 en 2022, una señal de que la construcción de capacidades científicas avanza, aunque persisten importantes brechas.
Las universidades ocupan un lugar central en este proceso. UNESCO IESALC ha señalado que las instituciones de educación superior generan más del 80% de las publicaciones científicas de América Latina y el Caribe. Esto convierte a la universidad en uno de los principales espacios para fortalecer el pensamiento científico y acercar a los jóvenes a la investigación.
Investigar antes de graduarse
Para Alvarado, la investigación debe entenderse como parte de una formación integral. “La investigación la vemos como una estrategia de formación integral que combina pensamiento crítico, análisis reflexivo y la capacidad de formular y responder preguntas relevantes para el entorno”, explica la coordinadora nacional de Investigación de Unifranz.
La idea es particularmente importante en una época en la que los estudiantes tienen acceso inmediato a grandes cantidades de información. La capacidad de distinguir fuentes confiables, analizar datos y construir conclusiones sustentadas se ha convertido en una competencia esencial, especialmente ante la expansión de herramientas de inteligencia artificial.
Desde esta perspectiva, la investigación durante el pregrado puede fortalecer la calidad académica porque transforma la relación del estudiante con el conocimiento. Ya no se trata solamente de memorizar contenidos o reproducir respuestas, sino de comprender cómo se genera la evidencia y cómo puede aplicarse para responder a desafíos reales.
“Incentivar la investigación científica en docentes y estudiantes es fundamental porque es un pilar de la construcción del conocimiento”, sostiene Alvarado. Según la académica, esta experiencia también “fortalece la formación académica y el desarrollo profesional” de quienes participan en ella.
En Unifranz, este enfoque se expresa en iniciativas como las Jornadas de Investigación, que reúnen a estudiantes, docentes e investigadores para presentar trabajos en áreas como salud, tecnología, educación, sostenibilidad y transformación digital. El propósito es que la experiencia investigativa no quede restringida a especialistas o investigadores consolidados, sino que pueda incorporarse progresivamente a la formación universitaria.
Ciencia para responder a los problemas del país
Pero formar investigadores no consiste únicamente en aumentar el número de proyectos o publicaciones. También supone preguntarse qué problemas se investigan y cuál puede ser el impacto del conocimiento generado.
“La investigación en Unifranz no es aislada, es pertinente, aplicada y orientada a generar impacto real”, afirma Alvarado. Esta perspectiva plantea una ciencia conectada con las necesidades de la sociedad y capaz de articular distintas disciplinas.
Los grandes desafíos contemporáneos difícilmente pueden abordarse desde una sola carrera. Los problemas de salud requieren el diálogo entre Medicina, Psicología, Bioquímica y otras áreas; la crisis ambiental demanda aportes de Ingeniería, Economía y Ciencias Sociales; mientras que la transformación digital abre nuevos campos de investigación para Sistemas, Derecho, Comunicación y Administración.
La UNESCO ha advertido que las limitaciones de financiamiento para la ciencia en América Latina afectan la capacidad de los países para “fomentar, retener y atraer talento”. En ese escenario, despertar vocaciones científicas desde el pregrado puede convertirse en una apuesta estratégica para ampliar las capacidades de investigación y evitar que la ciencia sea un ámbito reservado para una minoría.
La formación de nuevos investigadores también puede contribuir a la internacionalización de la educación superior. Las redes académicas, la colaboración entre universidades y la participación en proyectos internacionales permiten que los estudiantes se conecten con otras formas de producir conocimiento, sin perder de vista las necesidades locales.
El desafío, en definitiva, es transformar la curiosidad en una competencia académica. “No se trata sólo de consumir tecnología de otros países, sino de desarrollar la nuestra y también de poder ofrecerla al mundo”, sostiene Alvarado.
Bolivia necesita más ciencia, pero también necesita más jóvenes preparados para hacer preguntas relevantes y buscar respuestas con rigor. Formar investigadores desde el pregrado significa dar a los estudiantes la posibilidad de participar en la construcción del conocimiento antes de recibir su título y convertir a la universidad en un espacio donde aprender también signifique investigar, crear y transformar.
Fuente: Lucía Alvarado, Ph.D. en Biología Celular y Molecular, coordinadora nacional de Investigación en Unifranz