Avances en el tratamiento de la policitemia abren nuevas esperanzas, pero persisten desafíos

Avances en el tratamiento de la policitemia abren nuevas esperanzas, pero persisten desafíos

La policitemia, una enfermedad caracterizada por el aumento excesivo de glóbulos rojos en la sangre, ha experimentado importantes avances terapéuticos en los últimos años. Sin embargo, especialistas advierten que aún existen desafíos relacionados con el diagnóstico temprano, la prevención de complicaciones y el acceso a tratamientos innovadores.

Álvaro Eyzaguirre, médico cirujano y docente de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), explica que “La patología en sí misma, o la presencia del riesgo de patología, está asociada a la concentración de oxígeno en la altura. Que es modificada por la proliferación de eritrocitos (célula sanguínea que transporta oxígeno al cuerpo) para garantizar el transporte de oxígeno, que en teoría disminuye en la difusión de oxígeno pulmonar”.

En países de altura como Bolivia, la enfermedad adquiere características particulares de algunas regiones como La Paz, Oruro y Potosí, donde existe menor disponibilidad de oxígeno en el ambiente. 

Nuevos tratamientos mejoran el control de la enfermedad

Durante décadas, el tratamiento de la policitemia se centró principalmente en las flebotomías periódicas, procedimiento que consiste en extraer sangre para reducir la concentración de glóbulos rojos y disminuir el riesgo de complicaciones.

Actualmente, la medicina ha incorporado terapias más específicas. Entre ellas destacan los inhibidores de JAK2, como ruxolitinib, utilizados en pacientes que no responden adecuadamente a los tratamientos convencionales. También han ganado relevancia los interferones de nueva generación, que permiten un mejor control de la enfermedad con menos efectos adversos.

Otro avance prometedor es la rusfertida, un medicamento en investigación que ha demostrado reducir significativamente la necesidad de flebotomías, mejorando la calidad de vida de los pacientes y facilitando un control más estable de los niveles sanguíneos.

Diagnóstico temprano sigue siendo un reto clave

A pesar de los progresos, los especialistas coinciden en que uno de los mayores desafíos continúa siendo la detección oportuna. Algunas personas presentan formas llamadas “enmascaradas”, donde los niveles sanguíneos no parecen alarmantes, pero la enfermedad ya está presente y puede aumentar el riesgo de trombosis.

Además, la policitemia puede generar síntomas que suelen confundirse con otros problemas de salud, como cansancio persistente, dolores de cabeza, mareos, picazón en la piel y dificultades de concentración, retrasando el diagnóstico.

La incorporación de pruebas moleculares, especialmente la identificación de mutaciones como JAK2, está permitiendo una evaluación más precisa y tratamientos mejor adaptados a cada paciente.

Medicina personalizada plantea nuevos desafíos futuros

La tendencia mundial apunta hacia una medicina cada vez más personalizada. Los investigadores buscan que las decisiones terapéuticas no dependan únicamente de los niveles de glóbulos rojos, sino también de factores genéticos, edad, antecedentes médicos y riesgo individual de complicaciones.

Según los Institutos Nacionales de la Salud (NIH por sus siglas en inglés: National Institutes of Health) sostienen que el tratamiento de la policitemia busca principalmente prevenir trombosis mediante flebotomías periódicas y aspirina en dosis bajas. En pacientes de alto riesgo se utilizan terapias para reducir la producción excesiva de células sanguíneas, como hidroxiurea o interferón, y anticoagulantes en quienes tienen antecedentes de trombosis.

El objetivo ya no es solamente controlar los análisis de sangre, sino prevenir eventos graves como trombosis, mielofibrosis o leucemia secundaria. Para ello, la investigación continúa desarrollando biomarcadores que permitan anticipar la evolución de la enfermedad y seleccionar la mejor estrategia para cada paciente.

Aunque todavía no existe una cura definitiva para la policitemia, los avances alcanzados en los últimos años muestran un cambio importante hacia tratamientos más precisos, menos invasivos y con mejores perspectivas para preservar la calidad de vida de quienes conviven con esta condición.