Automedicación: ¿por qué esperar a que pase puede convertirse en un riesgo para la salud?

Automedicación: ¿por qué esperar a que pase puede convertirse en un riesgo para la salud?

Un dolor de cabeza, una gripe o una molestia estomacal suelen parecer razones suficientes para recurrir al medicamento que quedó en casa o recomendar el que funcionó para un familiar. La práctica puede parecer inofensiva, pero modificar una dosis, combinar fármacos o tomar un medicamento sin conocer la causa del síntoma puede generar consecuencias que van desde reacciones adversas hasta complicaciones graves.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera el uso inadecuado de medicamentos un problema global. El organismo advierte que más de la mitad de los medicamentos se prescriben, dispensan o venden de manera inapropiada y que alrededor de la mitad de los pacientes no los utiliza correctamente. Entre las prácticas de riesgo incluye la automedicación inadecuada, especialmente con medicamentos que requieren prescripción.

El problema no está en todo uso de medicamentos sin consulta médica. La OMS reconoce el autocuidado como parte de la atención sanitaria, pero plantea que debe realizarse con información y productos de calidad. La diferencia está en saber cuándo una molestia puede manejarse de forma segura y cuándo requiere evaluación profesional.

Cuando aliviar el síntoma puede ocultar el problema

Daniel Pinto Mariaca, director de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), advierte que un medicamento no solo puede producir el efecto buscado, sino también generar reacciones o interactuar con otras sustancias.

“Cuando se compra un fármaco, en la cajita viene toda una prescripción, tiene un inserto donde describe una cantidad de efectos no deseados, efectos secundarios e interacciones que podrían ser incompatibles con algunas otras sustancias que el paciente podría estar consumiendo”.

La automedicación también puede modificar la evolución de una enfermedad. Un analgésico, por ejemplo, puede disminuir temporalmente un dolor sin solucionar su causa. El paciente puede interpretar la mejoría como señal de recuperación y postergar una consulta necesaria.

En otros casos, el riesgo está en combinar medicamentos que producen efectos similares o interfieren entre sí. La OMS identifica las interacciones entre medicamentos y alimentos, las dosis incorrectas y la automedicación con fármacos de prescripción entre las causas que pueden provocar daños.

El problema de los antibióticos

Uno de los mayores riesgos asociados a la automedicación aparece con los antimicrobianos. Tomar antibióticos para tratar una infección viral, utilizarlos sin indicación o interrumpir el tratamiento puede favorecer la resistencia antimicrobiana.

La OPS advierte que la automedicación puede provocar intoxicaciones, interacciones negativas, efectos secundarios graves y, en el caso de los antimicrobianos, contribuir a la resistencia, reduciendo las opciones disponibles para tratar infecciones.

Miriam Rosmery Aguilar, docente de Medicina de Unifranz, señala:

“Es importante que las personas no se automediquen con antibióticos, ya que cada vez es más la resistencia que tienen las bacterias frente a estas drogas, haciéndolas muy difíciles de tratar”.

La resistencia antimicrobiana no es solamente un problema individual. Cuando una bacteria desarrolla resistencia, puede transmitirse y hacer que tratamientos habituales sean menos eficaces para otras personas.

La OMS considera el uso inadecuado de antimicrobianos uno de los factores que impulsan este fenómeno y advierte que las infecciones resistentes pueden ser más difíciles de tratar.

¿Cuándo dejar de esperar?

El problema de la automedicación también está relacionado con una decisión cotidiana: determinar cuándo un síntoma puede esperar y cuándo requiere atención médica.

La respuesta depende del medicamento, la edad, los antecedentes, otros tratamientos y la causa de la molestia. Por eso, una recomendación que funcionó para otra persona no necesariamente es apropiada para alguien más.

La OMS sostiene que el uso racional de medicamentos implica que cada paciente reciba el fármaco adecuado para sus necesidades clínicas, en la dosis correspondiente y durante el tiempo necesario.

En Bolivia, la regulación de los medicamentos está contemplada por la Ley del Medicamento y cuenta con la Agencia Estatal de Medicamentos y Tecnologías en Salud (AGEMED) como autoridad reguladora, según información difundida por Unifranz. El acceso a medicamentos de origen desconocido o sin controles adecuados añade otro factor de riesgo.

La salida, por tanto, no consiste en temer a los medicamentos, sino en utilizarlos correctamente. Leer las indicaciones, respetar las dosis, informar al profesional sobre otros medicamentos que se consumen y evitar recomendar tratamientos propios son medidas básicas de seguridad.

En una sociedad donde una búsqueda en internet puede ofrecer cientos de respuestas para cualquier síntoma, la tentación de “probar algo” antes de consultar puede ser cada vez mayor. Pero que un medicamento sea conocido o haya funcionado antes no significa que sea adecuado para cada persona o para cada enfermedad.

La próxima vez que aparezca una molestia, quizá la pregunta más importante no sea “¿qué puedo tomar?”, sino “¿sé realmente qué tengo y qué medicamento necesito?”.

Daniel Marcelo Pinto Mariaca es un destacado profesional boliviano del área de la salud. Su labor se enfoca en impulsar la innovación educativa y la investigación científica aplicada a la bioquímica y la farmacia