Aprendizaje práctico en la universidad: cómo amplía la formación y fortalece la empleabilidad

La experiencia práctica fortalece el aprendizaje universitario cuando obliga al estudiante a aplicar la teoría, tomar decisiones, colaborar y revisar sus resultados frente a problemas reales o simulados. Proyectos integradores, laboratorios, prácticas y retos permiten desarrollar competencias antes de graduarse y convertir el aula en un espacio donde el conocimiento se prueba, se corrige y adquiere sentido profesional.
¿Qué es el aprendizaje práctico y por qué importa antes de graduarse?
La formación profesional no termina en comprender una teoría: adquiere otra dimensión cuando el estudiante debe utilizarla para resolver una situación concreta. La experiencia práctica puede desarrollarse mediante proyectos, simulaciones, laboratorios, estudios de caso, investigación aplicada, prácticas preprofesionales y retos vinculados con problemas del entorno.
“Bajo esta lógica, el estudiante deja de ser un receptor de información y se convierte en protagonista de su propio proceso formativo. Participa en proyectos reales que le permiten desarrollar experiencias y competencias”, explica Caroline Ayala, coordinadora Nacional de Desarrollo Curricular de Unifranz.
El aporte pedagógico está en que el estudiante no solo recibe información: debe analizar una situación, tomar decisiones, justificar una respuesta y ajustar una solución cuando las condiciones cambian. En ese proceso, la experiencia y la reflexión se convierten en parte del aprendizaje.
La OCDE incluye entre las modalidades de aprendizaje vinculado al trabajo en educación superior la experiencia de campo, las prácticas profesionales, las pasantías, la investigación aplicada, el aprendizaje por proyectos y el aprendizaje-servicio. La organización señala que estas experiencias pueden fortalecer la conexión entre la formación académica y los resultados en el mercado laboral.
Los Proyectos integradores llevan la teoría a problemas reales
En Unifranz, esta lógica se expresa en los Proyectos integradores, que articulan conocimientos de distintas asignaturas para responder a desafíos concretos. En lugar de trabajar cada materia como una unidad aislada, el estudiante necesita combinar saberes, coordinar con otras personas y construir una propuesta que pueda sostenerse frente a condiciones reales o cercanas al ejercicio profesional.
“Los estudiantes no solo deben comprender la teoría, sino también diseñar soluciones viables que puedan implementarse en un contexto real”, sostiene Christian Uriona, decano Académico de Unifranz Santa Cruz.
La diferencia está en el tipo de aprendizaje que se produce. Frente a un problema real o simulado, el estudiante debe interpretar, argumentar, colaborar, decidir y revisar. El resultado no es solamente una calificación: también puede ser un prototipo, una investigación, una propuesta, una solución o una evidencia concreta de cómo aplica lo aprendido.
Esta metodología es una forma de acercar el mundo laboral al aula, además los Proyectos integradores articulan conocimientos de diferentes materias para responder a desafíos concretos desde los primeros semestres.
Aprender haciendo: ¿qué muestra la evidencia sobre las prácticas preprofesionales?
La evidencia disponible sobre prácticas preprofesionales ayuda a observar cómo los estudiantes perciben el paso de la teoría a la aplicación. Un preprint publicado en SciELO Preprints en septiembre de 2025 analizó las percepciones de estudiantes de la Universidad Nacional de Educación (UNAE), en Ecuador.
El estudio aplicó un cuestionario a 2.317 estudiantes en el segundo semestre de 2022 y a 2.574 en el primer semestre de 2023, para un total de 4.891 participantes. El 70,16% reportó mejoras en competencias y habilidades; el 66,34% manifestó alta satisfacción con la comprensión de roles y tareas profesionales; y el 67,13% valoró positivamente las actividades desarrolladas durante sus prácticas.
Estos resultados describen la percepción de estudiantes de una universidad ecuatoriana y no deben generalizarse automáticamente a toda la educación superior. Además, el documento es un preprint. Aun así, ofrece una referencia útil sobre cómo la práctica puede ser evaluada desde la experiencia de quienes participan en ella.
¿Qué competencias puede fortalecer la experiencia práctica?
Cuando una actividad exige resolver un problema, trabajar con otros y explicar una decisión, el estudiante pone en juego capacidades que trascienden la memorización. Entre ellas aparecen análisis, comunicación, colaboración, creatividad, adaptabilidad y resolución de problemas.
Estas capacidades coinciden con varias de las habilidades que los empleadores consideran centrales. El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial identifica el pensamiento analítico como la competencia central más mencionada y sitúa también entre las principales la resiliencia, la flexibilidad, el liderazgo y el pensamiento creativo. El informe no demuestra que una metodología universitaria específica produzca esas habilidades, pero sí muestra por qué resulta relevante crear oportunidades para practicarlas durante la formación.
¿La práctica reemplaza a la teoría?
No. La experiencia práctica funciona mejor cuando existe una base conceptual que permita interpretar lo que ocurre, justificar decisiones y evaluar resultados. La teoría aporta marcos para comprender; la práctica obliga a utilizarlos, contrastarlos y, cuando es necesario, corregir la forma en que se aplican.
“Aprender haciendo es esencial porque permite que los estudiantes desarrollen competencias reales. Esto les ayuda a graduarse con una mentalidad resolutiva, habilidades técnicas consolidadas y, sobre todo, con experiencias que los preparan para integrarse con éxito al mundo laboral”, afirma Erick Gustavo Montaño, vicerrector Académico Nacional de Unifranz.
La Organización Internacional del Trabajo define el aprendizaje basado en el trabajo como aquel que ocurre en entornos laborales reales y destaca su potencial para desarrollar competencias y facilitar la transición hacia el empleo. Los proyectos universitarios y las simulaciones no son equivalentes a una experiencia laboral real, pero pueden complementar esa transición al permitir que el estudiante practique antes de enfrentarse plenamente al entorno profesional.
Del aula al primer entorno profesional
Antes de graduarse, la universidad puede funcionar como un espacio para ensayar decisiones con acompañamiento: formular una hipótesis, construir un prototipo, defender una propuesta, trabajar con un cliente o comunidad, equivocarse, recibir retroalimentación y volver a intentarlo. Esa secuencia convierte la experiencia en aprendizaje cuando existe reflexión sobre lo realizado.
El valor de aprender haciendo no está en acumular actividades, sino en que cada experiencia obligue a utilizar conocimientos con un propósito. Un laboratorio, un proyecto o una práctica adquieren sentido formativo cuando permiten demostrar qué sabe hacer el estudiante, por qué tomó una decisión y qué aprendió al revisar el resultado.
La experiencia práctica, por tanto, no reemplaza la teoría: le da un contexto para ser utilizada, cuestionada y mejorada. Antes de graduarse, el estudiante puede pasar de saber una respuesta a aprender cómo construirla frente a un problema.