Aprender haciendo: ¿por qué las universidades están llevando el mundo laboral al aula?

Aprender haciendo: ¿por qué las universidades están llevando el mundo laboral al aula?

Durante décadas, la formación universitaria siguió una ruta conocida: asistir a clases, adquirir conocimientos y, al terminar la carrera, ponerlos a prueba en el mundo laboral. Hoy, esa secuencia cambia. Cada vez más universidades buscan que los estudiantes enfrenten problemas reales, trabajen en equipo y desarrollen soluciones antes de obtener el título.

La tendencia, conocida como Aprender haciendo o learning by doing, acerca la teoría a situaciones similares a las que los futuros profesionales encontrarán en su trabajo. La OCDE reconoce el aprendizaje basado en el trabajo, las prácticas, la investigación aplicada y los proyectos como mecanismos que pueden fortalecer la conexión entre educación superior y empleo.

En la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), esta metodología se aplica mediante los Proyectos integradores, que articulan conocimientos de distintas asignaturas para responder a desafíos concretos.

Gustavo Montaño, vicerrector académico nacional de Unifranz, explica que estos proyectos permiten acercar al estudiante a situaciones profesionales:

“Se activan mediante el trabajo cooperativo, con propuestas de solución a problemáticas propias de la vida profesional (…) brindándoles la oportunidad de aplicar la teoría a situaciones reales”.

La metodología comienza desde los primeros semestres. Caroline Ayala, coordinadora nacional de Desarrollo Curricular de Unifranz, señala que “el estudiante no pasa primero por un proceso teórico, al contrario, desde el primer semestre realiza actividades prácticas que le permiten contextualizar su futuro entorno laboral”.

El aula como laboratorio

Los proyectos integradores se traducen en soluciones concretas. Estudiantes de Unifranz han desarrollado videojuegos para aprender Lengua de Señas Boliviana, sistemas de monitoreo de agua, propuestas para turismo y proyectos vinculados con inclusión social.

Christian Uriona, decano académico de Unifranz Santa Cruz, destaca que el propósito es superar la aplicación puramente académica del conocimiento:

“Los estudiantes no solo deben comprender la teoría, sino también diseñar soluciones viables que puedan implementarse en un contexto real”.

Esta metodología también incorpora el error como parte del aprendizaje. Una solución puede fallar, modificarse o incluso ser reemplazada. Probar y corregir permite desarrollar capacidades que difícilmente se adquieren únicamente mediante una clase.

Noemi Moller, directora de Ingeniería de Sistemas de Unifranz, resume el enfoque: “La competencia los forma no solamente con teoría, sino también con el Aprender haciendo”.

Aprender para trabajar

El vínculo entre educación y empleo es uno de los principales argumentos para impulsar estas metodologías. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera el aprendizaje basado en el trabajo una herramienta para facilitar la transición de los jóvenes hacia el empleo y desarrollar competencias técnicas y de empleabilidad.

La UNESCO, por su parte, plantea que la educación debe preparar a los estudiantes para un futuro incierto mediante conocimientos, habilidades y valores que les permitan ser resilientes y adaptables.

Montaño, por su parte, explica que los proyectos integradores buscan precisamente validar las competencias profesionales. “Al ser enteramente prácticos buscan integrar áreas de formación y validar el desarrollo de las competencias profesionales”.

El cambio también transforma el papel del docente. Eva Foronda, decana académica de Unifranz en La Paz, sostiene que “el aprender haciendo coloca al estudiante en el centro del modelo educativo. Lo transforma en el protagonista de su aprendizaje”.

La práctica no reemplaza a la teoría: la pone a prueba. El reto para las universidades es diseñar experiencias que mantengan el rigor académico y, al mismo tiempo, permitan a los estudiantes experimentar con problemas similares a los que enfrentarán en su profesión.

Así, el aula empieza a funcionar como un primer laboratorio profesional, donde los futuros profesionales pueden practicar, equivocarse, corregir y aprender antes de enfrentarse al mercado laboral. Esta experiencia práctica puede convertirse, además, en un elemento clave para fortalecer la empleabilidad y responder a las nuevas exigencias de la formación profesional.

Gustavo Montaño es vicerrector académico nacional de Unifranz