Aprender haciendo: cómo la experiencia práctica fortalece la empleabilidad

Aprender haciendo: cómo la experiencia práctica fortalece la empleabilidad

Aprender haciendo es un enfoque que conecta la teoría con experiencias prácticas en las que el estudiante debe aplicar conocimientos, resolver problemas, tomar decisiones, colaborar y crear. En la formación universitaria, esta lógica puede complementar las calificaciones al generar evidencias concretas de lo que una persona sabe hacer y de cómo responde frente a situaciones similares a las que encontrará en su vida profesional.

Este enfoque adquiere relevancia en un mercado laboral que valora una combinación de conocimientos técnicos y capacidades humanas. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum identifica el pensamiento analítico como la competencia central más demandada por los empleadores y destaca también resiliencia, flexibilidad, liderazgo, colaboración, pensamiento creativo y aprendizaje permanente entre las habilidades que seguirán ganando importancia hacia 2030.

“En lugar de evaluar la memorización, se evalúa lo que el estudiante hace con lo aprendido: cómo lo aplica, resuelve problemas, argumenta, colabora y crea”, sostiene Gustavo Montaño, vicerrector académico nacional de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

¿Qué significa aprender haciendo en la universidad?

Aprender haciendo implica que el estudiante participe activamente en la construcción del conocimiento. La teoría continúa siendo necesaria, pero se pone a prueba mediante proyectos, simulaciones, estudios de caso, investigación aplicada, prácticas profesionales, emprendimientos y desafíos vinculados con situaciones reales.

La transición supone pasar de una lógica centrada principalmente en repetición y memorización hacia otra que incorpora experiencia, aplicación del conocimiento, reflexión y construcción activa. De esta manera, comprender un concepto incluye también ser capaz de utilizarlo, justificar decisiones y evaluar resultados.

¿Por qué la práctica puede fortalecer el aprendizaje?

Resolver un caso, diseñar una propuesta, construir un prototipo o participar en una simulación obliga al estudiante a movilizar distintos conocimientos al mismo tiempo. La experiencia práctica permite identificar qué conceptos funcionan, qué información falta y qué decisiones deben revisarse.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) describe el aprendizaje basado en proyectos como un enfoque centrado en el estudiante que trabaja con preguntas auténticas y problemas del mundo real. Este tipo de aprendizaje incorpora indagación, argumentación, comparación de evidencias, creación de productos y reflexión, procesos relacionados con el desarrollo del pensamiento crítico y la creatividad.

La práctica no sustituye el conocimiento disciplinar. Por el contrario, exige utilizarlo con mayor profundidad porque el estudiante debe trasladarlo desde una situación académica hacia un contexto concreto.

¿Cómo se relaciona aprender haciendo con la empleabilidad?

La empleabilidad no depende únicamente de una calificación o de haber aprobado determinadas materias. También involucra la capacidad de aplicar conocimientos, resolver problemas no rutinarios, colaborar con otras personas, adaptarse y comunicar decisiones.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) incluye entre las claves para el empleo juvenil el acceso a educación de calidad que desarrolle tanto capacidades técnicas como competencias centrales para la empleabilidad, además de promover el aprendizaje basado en el trabajo y la orientación profesional.

En esa lógica, las prácticas profesionales, proyectos integradores, investigaciones aplicadas y simulaciones pueden acercar al estudiante a dinámicas semejantes a las del entorno laboral antes de egresar. La experiencia permite ensayar, equivocarse, recibir retroalimentación y ajustar una solución en un contexto de aprendizaje.

Los proyectos integradores conectan distintas competencias

En Unifranz, los proyectos integradores forman parte del enfoque de aprender haciendo. Gustavo Montaño ha explicado que estos proyectos articulan conocimientos de distintas asignaturas frente a retos similares a los de la vida laboral y buscan validar el desarrollo progresivo de competencias profesionales.

Esta dinámica permite que el estudiante no presente únicamente una respuesta académica, sino una evidencia: una propuesta, investigación, prototipo, solución o intervención que debe defender, mejorar y comunicar.

La OCDE señala que el aprendizaje basado en proyectos puede involucrar problemas reales, colaboración, productos concretos y reflexión. Estas características lo acercan a competencias que también aparecen en entornos profesionales, como pensamiento crítico, trabajo en equipo, creatividad y resolución de problemas.

Evaluar competencias va más allá de una calificación

Las notas siguen siendo una referencia del desempeño académico, pero no siempre permiten observar por sí solas cómo una persona actúa frente a un problema. Por ello, una evaluación orientada a competencias busca generar evidencias sobre la capacidad de aplicar, argumentar, colaborar, crear y tomar decisiones.

“El modelo educativo transformador redefine la formación universitaria, enfocándose en formar profesionales capaces de comprender, actuar y transformar su realidad con competencias humanas como el criterio, la creatividad, la ética y la innovación”, afirma Montaño.

Este enfoque cambia también la función del error. Cuando un proyecto no produce el resultado esperado, el estudiante puede analizar la causa, revisar supuestos, contrastar alternativas y construir una nueva respuesta. La evaluación deja así de concentrarse únicamente en un resultado final y puede observar también el proceso de aprendizaje.

¿Qué competencias demanda actualmente el mercado laboral?

El Future of Jobs Report 2025 muestra que la transformación tecnológica no elimina la importancia de las habilidades humanas. El pensamiento analítico continúa siendo la competencia central más buscada por los empleadores, mientras que capacidades como resiliencia, flexibilidad, liderazgo, influencia social, pensamiento creativo, curiosidad y aprendizaje permanente mantienen o aumentan su relevancia.

El mismo informe advierte que cerca del 40% de las competencias centrales de los trabajadores cambiarán hacia 2030. Este escenario refuerza la necesidad de formar profesionales capaces no solo de dominar conocimientos actuales, sino también de aprender, adaptarse y aplicar lo que saben en situaciones nuevas.

De saber conceptos a demostrar lo que se puede hacer con ellos

El desafío para la educación superior no consiste en elegir entre teoría y práctica. Una formación sólida requiere ambas. El conocimiento permite comprender los fundamentos; la experiencia permite ponerlos a prueba, tomar decisiones y construir criterio.

Más allá de las notas, aprender haciendo puede convertir la etapa universitaria en un espacio de experimentación profesional: los estudiantes desarrollan soluciones, trabajan con otros, reciben retroalimentación y construyen evidencias de sus capacidades antes de ingresar plenamente al mercado laboral.

En un entorno donde las competencias cambian con rapidez, la ventaja no está únicamente en saber más, sino en saber utilizar el conocimiento, aprender de la experiencia y seguir desarrollándose frente a nuevos desafíos.