Aprender a desaprender: la habilidad clave para sobrevivir y crecer en un mundo que cambia constantemente

Aprender a desaprender: la habilidad clave para sobrevivir y crecer en un mundo que cambia constantemente

A los 20 años, Carla pensó que el éxito en su carrera dependía de cuánto conocimiento pudiera acumular. Estudiante de Ingeniería de Sistemas y apasionada por la tecnología desde niña, ingresó a la universidad convencida de que aprender más la acercaría a sus metas profesionales. Sin embargo, pronto descubrió una realidad que hoy enfrentan millones de estudiantes y trabajadores en todo el mundo: el conocimiento envejece cada vez más rápido.

Lo que aprendía en sus primeros semestres podía quedar desactualizado en cuestión de meses. Nuevas herramientas, lenguajes de programación y metodologías aparecían constantemente, desplazando a las anteriores. Aquello que inicialmente le generó frustración terminó convirtiéndose en una de las lecciones más importantes de su vida: para avanzar no basta con aprender; también hay que desaprender.

Durante una de sus clases de programación, Carla dedicó semanas a dominar un lenguaje que poco después fue reemplazado por una alternativa más eficiente. En lugar de resistirse al cambio, decidió comenzar de nuevo. Comprendió que desaprender no significaba borrar el pasado, sino reorganizar lo aprendido para adaptarse a nuevas realidades.

Su experiencia refleja una tendencia cada vez más estudiada por especialistas en educación y desarrollo profesional. Ariel Villarroel, coordinador del Instituto de Innovación Educativa de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), explica que la capacidad de aprender, desaprender y reaprender se ha convertido en una necesidad para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

“Esta idea, popularizada por Alvin Toffler, se refiere a la capacidad de adaptarse y mantenerse relevante frente a nuevos desafíos y entornos”, señala Villarroel.

La historia de Carla tomó un giro decisivo cuando inició una pasantía en una startup de inteligencia artificial. Allí observó que los equipos modificaban sus metodologías de trabajo cada pocos meses. Mientras algunos profesionales se aferraban a procedimientos que habían funcionado en el pasado, otros adoptaban rápidamente nuevas formas de trabajo.

Fue entonces cuando entendió que la adaptación no era una habilidad secundaria, sino una ventaja competitiva.

Según Villarroel, desaprender implica “dejar de lado conocimientos y hábitos antiguos que ya no son útiles o que pueden ser contraproducentes en el nuevo contexto”. Esta capacidad, agrega, es fundamental para evitar la rigidez mental y permitir la incorporación de nuevas ideas.

Carla tuvo que abandonar prácticas de desarrollo que consideraba correctas para adoptar modelos ágiles y colaborativos. El proceso no fue sencillo. Implicó cuestionar certezas y aceptar que algunas de las herramientas que había aprendido ya no eran las más adecuadas. Sin embargo, esa experiencia fortaleció su capacidad para enfrentar la incertidumbre.

La necesidad de desaprender se vuelve especialmente relevante en un contexto donde la tecnología transforma constantemente la forma en que trabajamos. Diversos estudios citados por especialistas advierten que una gran parte de los conocimientos requeridos actualmente en las empresas cambiará en los próximos años, obligando a profesionales de todos los sectores a actualizarse de manera permanente.

En este escenario surge el concepto de reaprender, entendido como la capacidad de reconstruir conocimientos desde nuevas perspectivas. Villarroel explica que “adquirir nuevamente conocimientos y habilidades, pero desde una nueva perspectiva o con un enfoque actualizado, permite integrar experiencias pasadas con nuevas realidades, ajustando y mejorando continuamente la base de conocimientos y habilidades”.

La experiencia de Carla demuestra que el verdadero valor no reside en aferrarse a lo que ya se sabe, sino en mantener una mentalidad abierta al cambio. Esa disposición le permitió convertir cada transformación tecnológica en una oportunidad de crecimiento en lugar de una amenaza.

Los expertos coinciden en que esta flexibilidad mental será una de las competencias más demandadas en los próximos años. De hecho, el futurista Alvin Toffler anticipó esta realidad décadas atrás al afirmar que los analfabetos del siglo XXI no serían quienes no supieran leer o escribir, sino quienes no fueran capaces de aprender, desaprender y reaprender.

Para Villarroel, el aprendizaje es un proceso permanente de transformación. “El aprendizaje es un proceso dinámico que implica cambios constantes en nuestro conocimiento, habilidades, comportamiento, mentalidad, relaciones e identidad. Cada nueva cosa que aprendemos nos transforma de alguna manera, permitiéndonos adaptarnos y crecer en un entorno en constante evolución”.

Hoy, Carla ya no mide su éxito por la cantidad de conocimientos acumulados. Su apuesta está en desarrollar la capacidad de adaptarse, cuestionar y evolucionar. Sueña con liderar proyectos tecnológicos e impulsar una formación profesional donde el cambio deje de ser visto como una amenaza.

Su historia resume una verdad cada vez más evidente en la economía del conocimiento: en un mundo donde las certezas tienen fecha de vencimiento, la supervivencia profesional depende menos de lo que sabemos y más de nuestra disposición a soltarlo para volver a aprender.