Anemia infantil: nuevas estrategias, alimentación y controles para proteger el desarrollo

Anemia infantil: nuevas estrategias, alimentación y controles para proteger el desarrollo

La prevención de la anemia infantil debe comenzar antes de que aparezcan síntomas. Esta condición, caracterizada por una disminución de la hemoglobina y una menor capacidad de transportar oxígeno a los tejidos, puede afectar el crecimiento, el desarrollo y, cuando se prolonga o es grave, comprometer órganos como el cerebro y el corazón.

En Bolivia, el problema tiene una dimensión preocupante. La Encuesta Nacional de Salud 2023 reporta que más de seis de cada 10 niños menores de cinco años presentan anemia. Para José Montecinos, docente investigador de Medicina de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), la prevención exige actuar sobre una de las causas más frecuentes: la alimentación insuficiente o desequilibrada, especialmente cuando no aporta suficiente hierro.

La primera medida, y una de las más relevantes por su potencial preventivo, es identificar tempranamente a los niños con mayor riesgo y definir estrategias personalizadas junto con el equipo de salud. Mayo Clinic indica que los suplementos de hierro pueden ser necesarios en determinados bebés y deben administrarse bajo indicación profesional. En los nacidos a término, el suplemento suele considerarse desde los cuatro meses hasta que incorporen suficientes alimentos ricos en hierro; en prematuros, la pauta puede comenzar antes y mantenerse durante el primer año, según el seguimiento clínico.

Otra herramienta preventiva es la detección oportuna. La American Academy of Pediatrics recomienda evaluar a los bebés entre los nueve y 12 meses para buscar anemia por deficiencia de hierro y repetir los controles cuando existen factores de riesgo. Los análisis de sangre permiten detectar el problema y orientar el tratamiento antes de que sus consecuencias sean mayores.

Alimentación inteligente: hierro, vitamina C y menos comida ultraprocesada

La innovación en prevención no depende únicamente de nuevos tratamientos, sino también de combinar de manera más eficiente los nutrientes y adaptar la alimentación a cada etapa. Montecinos recomienda priorizar alimentos ricos en hierro, como carnes rojas, espinacas, legumbres y cereales fortificados, e incorporar fuentes de vitamina C —cítricos, fresas y tomates— para mejorar la absorción de este mineral. También destaca el aporte de vitamina B12 y ácido fólico en la producción de glóbulos rojos.

Gabriel Loayza, también docente de Unifranz, advierte que la anemia ferropénica es la forma más frecuente y puede relacionarse con un bajo consumo de hierro o con pérdidas provocadas por enfermedades como parasitosis o hemorragias intestinales. Por ello, prevenir también implica detectar y tratar las causas subyacentes, no limitarse a suplementar.

Mayo Clinic añade medidas específicas para la infancia temprana: evitar introducir leche de vaca o cabra antes del año y controlar el exceso de leche entre los 1 y 5 años. Superar los 710 mililitros diarios puede desplazar alimentos necesarios y dificultar una dieta con suficiente hierro. Entre los grupos de mayor riesgo se encuentran los bebés prematuros, aquellos con bajo peso al nacer y quienes no incorporan adecuadamente alimentos o fórmulas fortificadas.

Señales que no conviene pasar por alto

La deficiencia de hierro puede avanzar de forma silenciosa. Cuando la anemia ya está presente, pueden aparecer distintas manifestaciones. Entre las principales señales descritas por especialistas de Unifranz y por la información de Mayo Clinic se encuentran:

  • Fatiga, cansancio persistente o debilidad muscular.
  • Palidez en la piel, labios, encías o lechos ungueales.
  • Dificultad para respirar o falta de aire con el esfuerzo.
  • Mareos, dolor de cabeza o vértigo.
  • Manos y pies fríos.
  • Poco apetito.
  • Irritabilidad o cambios en la conducta.
  • Respiración rápida o irregular.
  • Infecciones frecuentes.
  • Retraso en el crecimiento.
  • Taquicardia o palpitaciones.
  • Deseo de ingerir sustancias sin valor nutritivo, como hielo, tierra, pintura o almidón.

Estas señales no deben utilizarse para autodiagnosticar a un niño. Su presencia requiere una valoración médica, especialmente porque la anemia puede tener causas diferentes a la falta de hierro.

La principal enseñanza es preventiva: una dieta variada, la combinación adecuada de alimentos para favorecer la absorción del hierro, los controles pediátricos y la suplementación únicamente cuando está indicada pueden ayudar a reducir el riesgo. En un país donde la anemia afecta de manera importante a la población infantil, anticiparse al déficit y fortalecer la educación nutricional desde los primeros años es una estrategia clave para proteger la salud y el desarrollo de los niños.