Cuando el algoritmo decide qué vemos: cómo las redes sociales están moldeando nuestra percepción de la realidad

Cada vez que una persona abre TikTok, Instagram, YouTube o Facebook encuentra una selección de contenidos aparentemente hecha para ella. Videos, noticias, anuncios y publicaciones aparecen en un orden que no es casual: los algoritmos analizan interacciones, búsquedas, tiempo de permanencia y otros patrones de comportamiento para decidir qué mostrar. La pregunta es qué ocurre cuando esa selección personalizada comienza a convertirse en nuestra principal ventana para entender el mundo.
“Los algoritmos no solo distribuyen contenido, sino que moldean la conversación pública y condicionan la manera en que las marcas construyen su narrativa digital”, explica César Salamanca, especialista en comunicación estratégica y docente de Publicidad y Marketing de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), en un análisis sobre el funcionamiento de estas tecnologías.
¿Cómo decide un algoritmo qué contenido vemos?
Los sistemas de recomendación procesan señales relacionadas con el comportamiento digital para predecir qué contenidos pueden resultar relevantes para cada usuario. El objetivo no consiste necesariamente en determinar qué información es verdadera o más importante, sino en seleccionar aquello que tiene mayores probabilidades de generar interacción.
La UNESCO explica que los algoritmos pueden determinar qué contenidos adquieren mayor visibilidad y que las plataformas digitales utilizan datos y perfiles para organizar la experiencia de los usuarios. La organización también advierte sobre la necesidad de desarrollar competencias de alfabetización mediática para comprender cómo funcionan estos sistemas.
Esto puede producir el llamado “filtro burbuja”: un entorno personalizado donde una persona recibe principalmente contenidos relacionados con sus intereses, búsquedas y comportamientos anteriores. Nataly Miranda, directora de Ingeniería de Sistemas de Unifranz, explica que la personalización puede generar una burbuja cuando los hábitos del usuario no cambian y este permanece dentro de una misma zona de contenidos.
¿El algoritmo puede cambiar nuestra percepción de la realidad?
La consecuencia no significa que el algoritmo determine automáticamente lo que una persona piensa, pero sí puede influir en aquello que tiene oportunidad de conocer, comparar o discutir. Si determinadas opiniones, imágenes o noticias aparecen repetidamente, pueden adquirir una sensación de normalidad o relevancia.
La UNESCO señala que los algoritmos y la inteligencia artificial participan cada vez más en la selección de información que las personas encuentran en redes y otros servicios digitales. Por ello, recomienda fortalecer la alfabetización mediática e informacional para que los usuarios comprendan cómo se construye y distribuye el contenido que consumen.
El problema se vuelve más complejo cuando la lógica de recomendación se combina con desinformación. La propia UNESCO identifica a las redes sociales como espacios donde los algoritmos pueden amplificar contenidos engañosos, discursos de odio o publicaciones diseñadas para provocar reacciones emocionales.
En Bolivia, este desafío también ha sido documentado desde el ámbito académico. Jannette Jacobs, directora de Periodismo de Unifranz, advierte que la irrupción de las redes sociales y la inteligencia artificial permite que contenidos falsos circulen con mayor rapidez y alcance.
¿Qué relación existe entre algoritmos, desinformación y percepción?
Un contenido falso no necesita convencer a todo el mundo para tener impacto. Basta con que consiga visibilidad, interacción y circulación suficiente para instalarse en una conversación. Los algoritmos pueden contribuir a esa difusión porque las plataformas necesitan ordenar millones de publicaciones y utilizan diferentes señales para determinar cuáles mostrar.
El fenómeno también alcanza a las noticias. Un análisis del Pew Research Center muestra que, en Estados Unidos, una proporción creciente de adultos utiliza redes sociales para informarse; en 2025, 20% dijo recibir regularmente noticias por TikTok e Instagram, mientras Facebook y YouTube alcanzaron 38% y 35%, respectivamente.
Esto convierte la alfabetización digital en una herramienta fundamental. No se trata únicamente de saber utilizar una plataforma, sino de comprender por qué aparece determinado contenido, identificar quién lo produce, contrastarlo con otras fuentes y reconocer cuándo una publicación busca informar y cuándo pretende provocar una reacción.
¿Cómo recuperar el control sobre lo que vemos?
La respuesta no pasa necesariamente por abandonar las redes sociales, sino por desarrollar una relación más consciente con ellas. Buscar información fuera de las recomendaciones automáticas, seguir fuentes diversas, revisar el origen de una publicación y verificar datos antes de compartirlos son prácticas que reducen la dependencia del algoritmo.
En esta línea, Unifranz ha incorporado la discusión sobre desinformación, inteligencia artificial y verificación digital dentro de la formación de sus estudiantes de Periodismo. La universidad también impulsa iniciativas como un Observatorio Digital de Redes Sociales, desarrollado desde Ingeniería de Sistemas para identificar bots, cuentas falsas y patrones de interacción artificial.
En un entorno donde cada usuario recibe una versión parcialmente personalizada del mundo, comprender cómo funciona el algoritmo es también comprender cómo se construye nuestra dieta informativa. La tecnología puede ordenar lo que vemos, pero desarrollar criterio para contrastarlo sigue siendo una tarea humana.